LA CASA DE LOS 21 PINOS

CUENTO DE UNA PROVINCIANA

 

 

 

 

 

 

 

 

 POR

HELIOYVI  RODGU

 

 

 

 

 

 

 

 

ABRIL DE 2014

 

 

 

 

 

1

 

 

 

Era una tarde muy fría, nevaba tanto que escasamente se podía ver la carretera por los cristales del auto, Martha Beatriz llegaba a la ciudad con su pequeña hija de 13 años Sandra Lucía. Venía a ver cristalizado el sueño de educar a su última hija en el extranjero, situación muy difícil, pero no imposible para ella, lo había deseado siempre y cada vez que tenía oportunidad lo repetía en voz alta como diciéndolo para convencerse a sí misma de que así debería de ser.

Había tenido una proposición de matrimonio de un viejo amigo de la familia. Eliseo, un ingeniero que contaba con un buen trabajo, casa y ganaba un decoroso salario que permitiría que ellos subsistieran honorablemente.

Así que esto la hizo decidirse a mudarse de la capital de México a esa ciudad que era frontera con los Estados Unidos, lugar en donde podría educar a Sandra Lucía.

Las horas pasaban y ya había entrado la noche, Eliseo las esperaba impaciente y con temor de que hubieran tenido algún percance en la carretera, ya que en esa región el clima en el mes de diciembre es generalmente malo. Tiempo después se tranquilizó al verlas llegar y las recibió con alegría, las invitó a pasar diciéndoles que la cena ya estaba dispuesta y que él rápidamente bajaría el equipaje del auto.

Al saludarlo Martha Beatriz vio con tristeza que había tomado algunas copas de más, no le quiso dar mucha importancia a este detalle porque interiormente lo disculpó por lo preocupado que él estaba por su llegada, aunque en su corazón guardaba la esperanza de que él hubiera dejado un poco la bebida, hábito que le había caracterizado desde sus años de juventud.

Haciendo a un lado los malos pensamientos, se instalaron en su nuevo hogar, .... volverían a tener de nuevo un hogar....

Desgraciadamente todo lo habían perdido tres meses antes por un terrible terremoto que sacudió la capital, lugar en donde ella había trabajado durante 21 años para crear un modesto patrimonio para cimentar los años de madurez de su vida, todo lo perdió, solo se quedaron con lo que traían puesto, su auto y una casa de huéspedes que le rentaba a Doña Josefina, pero esa casa no era de su propiedad, esa casa no fue afectada por el sismo que dejó a tantas familias viviendo en tiendas de campaña por largo tiempo y a otras muchas enlutadas por haber perdido a sus seres queridos.

 

 

 

2

Todos sus ahorros los había invertido comprando por primera vez en su vida una casa propia, compró primero un condominio en donde se mudó con sus hijas y su Madre y posteriormente el dueño de ellos le ofreció otro que iba a dar muy barato por estar con problemas legales, ella no le vio a eso problema ya que podría continuar por sí misma hasta solucionar ese juicio y ésto le permitiría ahorrar muy buen dinero en esa compra. El segundo condominio lo habitaba una señora mayor llamada Esther, quien tenía un solo hijo ya casado que vivía en otro domicilio. Martha Beatriz habló con ella al firmar la compra y la enteró de que ahora recogería las rentas correspondiente a ese condominio, rentas que se le entregarían en el momento en que se solucionara el problema legal, ya que éstas eran depositadas mensualmente en el juzgado que le había sido asignado a la señora Esther.

Amuebló con mucha delicadeza e ilusión lo que iba a ser su nuevo hogar, casi no creía tanta felicidad, cuidó hasta el último rinconcito poniendo una linda planta o un bonito adorno, eligió con cuidado los candiles, cortinas y muebles para que fuera lo más acogedor posible, todo fue nuevo ya que los muebles que tenía en la casa de huéspedes ahí seguirían porque pretendía continuar trabajándola, solo se llevó sus libros, la ropa, zapatos y utensilios personales de ella y su familia.

Pero apenas tenían un poco más de un año viviendo en su nueva casa cuando sucedió el terremoto; el edificio tenía 5 pisos y en la azotea estaban los cuartos del servicio doméstico y el inmenso tanque de gas estacionario que abastecía a 20 hogares de los condominios. Murieron en el derrumbe 80 amigos y vecinos, incluída la señora Esther quien habitaba el segundo condominio que Martha Beatriz había comprado. Solo quedó el aire con olor a muerte, a desolación, tristeza y miedo, ya que la tierra siguió temblando muchas veces durante los días subsecuentes.

Martha Beatriz había salido de la ciudad en viaje de negocios y sus hijas y su Madre se habían ido a quedar a la casa de huéspedes, lugar que le encantaba a su Mamá por encontrarlo muy alegre y lleno de gente, el condominio estaba muy hermoso pero le parecía muy solo, sus nietas se iban al colegio y ya no tenía con quien hablar, así que decidió que mientras Martha Beatriz estuviera de viaje ellas permanecerían en la casa de huéspedes.

 

 

 

3

 

 

 

Una noche antes del terremoto les llamó por teléfono a sus hijas y a su Madre pidiéndoles que se fueran a dormir cuando menos al condominio para que vieran que entraban y salían de él, ya que en la capital es muy peligroso dejar tanto tiempo abandonada una casa porque eso se presta a que pudieran violar las cerraduras y entrar a robarla. Le prometieron que esa noche se irían a dormir al condominio, pero al llegar Nini vió con asombro que su abuelita no tenía nada preparado para irse al condominio, entonces le dijo que ella estaba viendo sus telenovelas y que no se iría esa noche, que ya verían de hacerlo al siguiente día. Y el terremoto fue al siguiente día a las 7.19 de la mañana.

Fueron muchas horas de sufrimiento las que pasó Martha Beatriz hasta regresar a la capital más allá de la media noche, no había vuelos temprano en ninguna línea aérea porque no se podía aterrizar en el aeropuerto de la capital, tampoco se podía llamar por teléfono, todas las comunicaciones estaban interrumpidas, no había modo de comunicarse con su familia, cuando llegó, parecía que la ciudad había sido bombardeada, así se veía desde el avión, toda llena de humo y a obscuras.

Lo primero que hizo al pisar el aeropuerto fue llamar a la casa de huéspedes, ya que había visto en las noticias de una televisión que estaba rodeada por muchos viajeros en el aeropuerto donde ella esperaba su avión que el edificio en donde estaban sus condominios se había caído y quedado mucha gente atrapada en el elevador, aviso que dieron a los noticieros antes de que el edificio se derrumbara.

En las noticias daban a cada momento las direcciones de todos los edificios caídos, muchos de ellos no se derrumbaron de inmediato, pero a medida que las horas pasaban sucedían nuevos derrumbes. Ella estaba como loca pensando que su Madre y sus hijas se habían ido a dormir al condominio como se lo prometieron, el teléfono llamaba insistentemente pero nadie contestaba, ella rezaba y rezaba pidiéndole a Dios que no le hubiera pasado nada a su familia, tenía la boca seca, casi no podía articular palabra cuando escucha la voz de Nini que contestaba la llamada, con gritos y entre lágrimas le preguntó por su hermanita chiquita y por su abuelita, Nini le dice, están bien Mamita no te preocupes, ella no lo podía creer y le pide que le pase a Sandra Lucía para escucharla y a su abuelita, Nini se las pasa para que se tranquilice.

 

 

 

4

 

 

 

Vuelve a hablar con ella y le informa que el edificio en donde vivía el hermano de Martha Beatriz también se había caído y no encontraban a su familia.

A Martha Beatriz no le importaban las cosas materiales que se hubieran perdido, ella solo imploraba por la vida de sus seres queridos, le dijo a Nini que de inmediato tomaría un taxi para irse a la casa y así lo hizo, cuando llegó casi no podía sostenerse en pié, solo daba gracias a Dios por volver a ver a sus hijas y a su Madre con vida.

El corazón lo tenía destrozado de dolor al saber que tanto familiares como amigos habían partido para siempre en este lamentable suceso que la naturaleza y Dios les había puesto como prueba, gran parte de la ciudad eran solo escombros y así se sentía ella también por dentro.

El día que dejaron la capital sus ojos estaban enrojecidos y las lágrimas cubrían sus mejillas constantemente, esa ciudad le había dado tantas satisfacciones como haber realizado su carrera profesional, educado a sus hijos y haber ocupado posiciones importantes tanto en la iniciativa privada como en el gobierno, pero la despidió con el dolor más grande que jamás había sentido.

Pasaron las dos primeras semanas en la casa de Eliseo y ella posponía la fecha de la boda por no estar segura de realizar este acontecimiento. El llegaba del trabajo y como rutina normal abría una cerveza detrás de otra, hasta que una noche después de la cena habló con él, se habían tomado unos cogñacs de sobremesa y era la ocasión adecuada para hacerlo, le agradeció infinitamente su gentileza y el hospedaje que les había dado y le dijo que ella y Sandra Lucía se irían en ese momento de la casa y que le devolvía la palabra de matrimonio por estar indecisa de que no fuera lo mejor para los dos.

Eliseo se encolerizó tanto que golpeó unos muebles, maldijo como un loco y no soportaba la idea de que ella hubiera subido las escaleras para empacar sus cosas, le preguntó de qué iba a vivir si no traía, ni tenía un solo centavo, que comían con lo que él llevaba a la casa. La escena fue muy triste y desagradable, pero todo estaba resuelto, en una noche negra y llena de frío y con todo lo material que en la vida poseía arriba del carro, salió de la casa acompañada de su hija.

Manejó sin saber a dónde ir, aún la ciudad no la conocía bien, Sandra Lucía le preguntaba a dónde iban a ir y solo le contestaba, no se mi amor, estoy pensando.

 

 

 

5

 

 

 

Las horas de la noche avanzaban, la gasolina que traía en el auto Eliseo se la había puesto, y no quería pensar que se terminara porque en su bolsillo no traía ni un céntimo para volver a llenar el tanque.

Pedía a Dios fuerzas y sabiduría para tomar una decisión, se sentía triste y decepcionada de Eliseo, a lo mejor él al siguiente día no se acordaría de nada por la borrachera que traía, estaba enojada consigo misma, echaba chispas de rabia, una rabia que no sabía con quien desquitar, Sandra Lucía dormitaba en el asiento junto a ella, mientras recorría sin rumbo fijo las calles de la ciudad. Pensó en regresarse a la capital, no habría ningún problema con volver a pedir el trabajo que había dejado, pero eso equivaldría a que Sandra Lucía no estudiara en el extranjero, y no podía aceptar esa idea, ya que estaba a solo unos pasos de poder lograrlo.

De pronto se acordó que guardaba una tarjeta de crédito que pensaba no volver a usar nunca más, y esa tarjeta iba a ser la salvación del momento. Llegó a unos departamentos que se alquilaban amueblados, paró el auto enfrente de la administración y con voz cortante le dijo a Sandra Lucía, ve y estaciona el carro, y llena de sorpresa por esta orden la niña le contesta, pero si yo no se manejar, y con un tono de voz fuera de sí le grita, "pero claro que sabes manejar, ve y estaciónalo".

Arreglado el alquiler por una semana en ese lugar, salió de la administración abriendo la puerta con fuerza y se encontró con Sandra Lucía que venía de estacionar el automóvil, sin preguntar cómo lo hizo solo vio que el carro estaba perfectamente estacionado, la abrazó y le dijo con voz suave, vente mi amor, ahora vamos a vivir aquí.

Al día siguiente a primera hora le llamó por teléfono a Nini su hija mayor a la capital. A ella y a su flamante esposo que tenían un mes de haberse casado les había dejado la casa de huéspedes totalmente amueblada, con la ropa de cama necesaria y todo lo que debería haber en una casa.

Ella y su pequeña hija solo se llevaron una maleta cada una con algo de ropa personal, ya que todo lo habían perdido en el terremoto, inclusive alguna de esa ropa la recogieron en los escombros de lo que había sido su condominio sin saber siquiera a quién había pertenecido, no toda les quedaba bien, pero salvaba las dificultades momentáneas del vestido.

 

 

 

6

 

 

 

La casa de huéspedes estaba habitada por 16 muchachos y un matrimonio sudamericano, era una hermosa casa de 10 recámaras localizada en una zona residencial y teniendo como vecina a Doña Josefina la dueña de la casa.

Cuando 12 años atrás había alquilado esa casa, Martha Beatriz le dijo a Doña Josefina que ella cuidaba a unos viejecitos en su hogar, y que si se lo permitía quería seguirlo haciendo, ya que lo que ellos le pagaban más el sueldo que ganaba en su trabajo le ayudaba para mantenerse, educar a sus hijos y tener con ella a su señora Madre, con agrado aceptó Doña Josefina y con sumo cuidado y esmero se dedicó Martha Beatriz a decorar la casa y pidiéndole a Dios que nunca leyera Doña Josefina el periódico puso su primer anuncio en la sección de clasificados para sus cuartos de renta.

Si Doña Josefina le hubiera dicho que no le permitía tener a esos viejecitos, ella no hubiera podido rentar la casa, ya que era muy grande y por supuesto la renta bastante elevada, jamás hubiera podido pagar con su mediano sueldo esa renta, el colegio de sus hijos y los gastos de manutención y mantenimiento para esa casa tan grande.

La casa que anteriormente habitaban Martha Beatriz, sus hijos y su Madre, la hizo desalojar el dueño del inmueble, ya que al enterarse de que ella rentaba a huéspedes algunas recámaras de la casa no le pareció y un día llegó un abogado con una demanda para que desocupara la casa de inmediato, así que por esta razón pensó que sería muy conveniente decirle a Doña Josefina que le diera permiso de continuar rentándole a sus " viejitos ".

Los cuartos no se los rentaba a viejitos, sino a muchachos que iban a estudiar a la capital, tanto en carreras regulares como a extranjeros que hacían cursos de verano en la universidad, también iban esporádicamente a vivir personas que acababan de divorciarse y que de pronto de la noche a la mañana se quedaban sin casa.

En una casa de huéspedes normalmente se alquila la habitación por mes y una de las mayores ventajas es que no se tiene que firmar un contrato a un tiempo determinado.

 

 

 

7

 

 

 

Al contestar el teléfono Nini, le contó Martha Beatriz lo sucedido con Eliseo y le pidió que si por favor le podría pagar ella la mensualidad de la tarjeta de crédito en lo que conseguía trabajo.

De inmediato le dijo Nini que no se preocupara de nada y que si necesitaba dinero se lo dijera para enviárselo sin demora.

Al dejarles la casa de huéspedes les había dicho que el dinero que obtuvieran de las rentas lo fueran guardando para después tener ellos su propia casa y no quería faltar a su ofrecimiento, pero la situación que estaba pasando era tan difícil que la obligaba a pedirles ayuda para poder tener tiempo de aclarar sus pensamientos, y ver de qué iban a vivir ella y su pequeña hija.

A fines de enero comenzaban los cursos de inglés en donde Sandra Lucía tendría que entrar a estudiar, así que contaba con unas semanas para investigar qué escuela era la mejor en la ciudad vecina, cuánto costaba la inscripción, los libros que necesitaba, Etc.

Todo lo debería hacer lo más rápido posible y el tiempo se le venía encima, había que tener mucha fe y seguridad para lograr lo que se proponía.

No sabía cómo le iba a hacer para llevarla todos los días, si todavía no conocía en dónde estaban viviendo en México, menos conocía la ciudad del otro lado del puente de inmigración.

Además estaba en veremos en dónde iría a trabajar y los horarios laborales que tendría, todo era un verdadero embrollo en su cabeza, no podía dilucidar en dónde se encontraba el principio y el final de sus pensamientos.

Martha Beatriz siempre había tenido a sus tres hijos en las mejores escuelas y era su intención de así seguirlo haciendo en los estudios que tendría que cursar Sandra Lucía de inglés, aunque su educación primaria había sido bilingüe era muy escaso el inglés que la niña dominaba, con esa preparación sería imposible que ingresara en Estados Unidos a cursar la educación media que se tiene que hacer antes de entrar a lo que equivale a secundaria y preparatoria en dicho país.

 

 

 

8

 

 

 

 

Amanecieron el primer día en el departamento amueblado que había alquilado la noche anterior y ella se la pasó sin pegar los ojos, Sandra Lucía dormía plácidamente, salió y compró muy temprano el periódico de mayor circulación de la ciudad y se puso a ver los trabajos que se ofrecían.

En su mayoría eran en maquiladoras donde se cubría un horario desde las ocho de la mañana hasta las cinco de la tarde.

Encontró algo para licenciados en administración de empresas que era su profesión universitaria, ella había estudiado en la capital la vocacional de ciencias sociales y la licenciatura en administración de empresas. En el pueblo en donde nació, su Madre le había costeado la carrera de Secretaria Ejecutiva y años después ya casada había estudiado la de Trabajo Social.

Esta última se la dieron sin costo alguno en el Seguro Social en donde había sido contratada como Jefa de Trabajadoras Sociales.

Dada su preparación académica no tenía miedo de enfrentarse a nuevos empleos, pero cómo le iba a hacer para llevar y traer a Sandra Lucía diariamente para que estudiara el inglés? idioma que le urgía que ella aprendiera para poder continuar hasta que lograra llegar a la Universidad.

Qué iba a hacer si los horarios de su trabajo serían posiblemente iguales a los que tendría su hija en sus estudios?

Leía el periódico y pensaba al mismo tiempo cómo solucionaría la situación.

La cabeza le daba vueltas y volvía al mismo punto de partida, eso no era lo que ella necesitaba, leía y volvía a leer el periódico tratando de encontrar algo bueno, pero por lo menos en ese día no había nada que le pudiera convenir.

Algo malhumorada dobló el periódico, los ojos le ardían por la falta de sueño, decidió llamarle por teléfono a una hermana de Eliseo que la quería mucho y que se habían echo muy buenas amigas, le contó lo sucedido a Elena quien conocía muy bien a su hermano, lo entendió y le dijo que se fueran a desayunar con ella para platicar mejor y ver qué era lo que podían hacer.

 

 

 

9

 

 

 

Llegaron a la casa de Elena en donde estaban ella y sus hijos en la cocina tomando el desayuno, los acompañaron y Elena continuaba diciéndole que en donde pensaba que le pudieran pagar un mejor salario sería en alguna maquiladora, la ciudad no era muy grande así que las oportunidades de buenos empleos estaban muy limitadas.

Sandra Lucía jugaba entretenidamente con una hija de Elena que tenía más o menos su misma edad, así que decidió dejarla ahí por un rato para salir y seguir pensando qué era lo que iba a hacer.

Manejó por las avenidas comerciales durante varias horas tomando nota de los teléfonos de locales vacíos que estaban en alquiler, esto podía ser otra solución a su problema, o también podría comprar en traspaso algún negocio, pero con qué dinero lo adquiriría?

Eso era totalmente imposible, pero era otra alternativa trabajar por su cuenta y poder tener la oportunidad de llevar y traer a Sandra Lucía diariamente al colegio.

Animada y con muchas dudas aún en sus pensamientos decidió regresar a la casa de Elena y comentárselo.

Elena era ayudante de enfermera, pero cuando no tenía trabajo en ese ramo cubría medio tiempo en una tienda en donde el dueño era su amigo, entonces le comentó a Martha Beatriz que le había dicho semanas antes su amigo que posiblemente traspasaría su pequeña tienda, misma que estaba localizada en un área comercial rodeada de otros negocios, bares, restaurantes, Etc.

Quedaron que al siguiente día que era lunes Martha Beatriz visitaría a Elena en el negocio para conocerlo.

Así lo hizo, llegó a la tienda, saludó con mucho cariño a Elena y vió con desilusión que ese negocio estaba totalmente acabado, sin contar las malas condiciones en que se encontraba.

Era de unos cuatro metros de ancho por unos 12 de largo, en el fondo había un excusado bastante sucio y un lavabo, el piso era de puro cemento con bastantes pedazos rotos.

 

 

 

10

 

 

Había dos hieleras de lámina medias desvensijadas en donde se picaba hielo para enfriar las cervezas y los refrescos que se vendían, éstos se podían contar adentro del agua que solo tenía unos cuantos pedazos de hielo.

Dividía la parte de enfrente y la de atrás en donde no había mas que cajas de envases tanto de cerveza como de refrescos vacíos y todos desordenados, un pequeño gabinete de fierro en donde se exhibían no más de 10 rollos de papel sanitario, unas 3 cajas de cereal, unos 8 jabones de baño de los más baratos y una bolsa de pañales abierta.

Atrás del mostrador que era de madera pesada, ya muy viejo y maltradado en donde estaba sentada en un banco Elena había un cuadrito de madera con unas 12 cajetillas de cigarros también de los más económicos y una cajita sobre el mostrador con carteritas de cerillos de cartón a medio terminar.

No habiendo casi nada que inventariar, pensó que lo más conveniente sería tener una reunión con el dueño de la tienda y saber cuánto pedía por el traspaso, se lo dijo a Elena y ella así se lo hizo saber a su amigo quien le dijo que se verían el viernes de esa semana a las seis de la tarde.

Martha Beatriz acudió puntualmente a la cita y el dueño aún no llegaba y esto le sirvió para pensar en lo que se estaba metiendo, qué era lo que iba a vender si en la tienda no había nada de mercancía?

Lo que le pediría el dueño cómo se lo iba a pagar?

Además, faltaba arreglarse con el dueño del local, ignoraba qué renta era la que cobraba, el depósito que se necesitaría en el alquiler, algún aval que respondiera por ella, Etc.

Al cumplir una semana en el departamento que había alquilado se cambió a otro que era más económico.

Ya habían comprado algunos utensilios de cocina solo unos dos ó tres y para servir la comida todo era desechable, no había para más pero ella se sentía feliz de hacerle a su hija todos los días sus alimentos, cosa que hacía muchos años no podía preparárselos personalmente.

 

 

 

11

 

 

 

Cuando vivía en la capital tenía en su casa un servicio doméstico que casi formaba parte de su familia, ya que sin ellos sería imposible trabajar porque su empleo era de mucha responsabilidad y los horarios que cubría eran hasta las ocho ó nueve de la noche cuando no había problemas graves que la entretuvieran más tiempo.

Cuando Sandra Lucia había cumplido siete meses de nacida pudo contratar a la primera nana que se encargaba de cuidarla como los ojos de su cara, encargo que con esas mismas palabras le había echo Martha Beatriz, la contrató en una agencia de colocación pero Toyita la nana traía a su esposo y quería que fueran contratados los dos.

Ya Martha Beatriz había presentado su examen profesional y ya con su titulo en la mano pudo buscar un trabajo con mejor salario y esto le permitió contratarlos a ambos. Toyita y Rafael vivían en un ranchito cerca de la ciudad de Puebla, así que ellos permanecerían viviendo en la casa sin ningún problema, situación que le pareció perfecta.

Toyita cuidaba a Sandra Luía, hacía la comida y lavaba y planchaba la ropa y Rafael limpiaba la casa, el patio, tenía el automóvil perfectamente desempolvado para cuando Martha Beatriz se iba a trabajar, en fin, fueron repartidas muy bien las actividades de la casa.

Toyita y Rafael nunca pudieron tener hijos, así que a Sandra Lucía la querían los dos como si fuera propia.

Ya tenían algunos años trabajando y Martha Beatriz llevó a Toyita con su ginecólogo para ver si con algún tratamiento podría tener familia, pero no fue posible y Toyita fue la nana de Sandra Lucía durante 13 años.

Fueron interrumpidos todos sus pensamientos al ver llegar al dueño de la tienda, a él ya no le interesaba continuar con ella por eso la tenía totalmente abandonada, así que convinieron en una cantidad después de regateos y más regateos, pero lo peor fue cuando Martha Beatriz le dijo que ella no tenía en ese momento dinero, pero que le ofrecía pagarle la cantidad convenida de tal forma, explicación que le hizo al dueño lo mas claro posible.

Semanalmente le entregaría cierta cantidad hasta cubrir el adeudo.

 

 

 

12

 

 

 

Finalmente, después de dos ó tres horas de plática el señor le dijo que estaba de acuerdo y que podría tomar posesión de ella en el momento que arreglara el alquiler con Don Federico que era el dueño del inmueble.

Don Federico era dueño de varios locales comerciales que estaban pegados unos de otros, tenía una vecindad, un negocio en donde se reparaban lavadoras y por las noches en la banqueta se vendían tacos; otro negocio era una farmacia y Don Federico y su esposa vivían en la parte alta de esos locales.

El era un señor muy agradable y educado, gordito y caminaba siempre lentamente como si nunca tuviera prisa.

Martha Beatriz le contó la historia de por qué se encontraba en la ciudad y que ella no conocía a nadie, al parecer Don Federico se enterneció un poco, ya que Martha Beatriz lo convenció de que le diera unos dos meses de plazo para ponerse al corriente tanto en la renta como en el depósito y la esposa de Don Federico que estaba presente en la conversación apoyó un mucho para que él concediera el plazo pedido, se firmó el contrato correspondiente por un año y ese mismo día en la noche ya Martha Beatriz tenía una tienda totalmente vacía, sucia y despintada.

Lo primero que pensó Martha Beatriz al salir de hablar con Don Federico y su esposa, traía las mejillas enrojecidas por la emoción, sentía la cara caliente a pesar de ser enero que hacía un frío crudo, fue que se tendrían que salir del segundo departamento que tenían y se irían a vivir a la tienda al día siguiente, pero en la tienda no había calefacción, ni cama, ni tampoco regadera para bañarse, pero Elena vivía a unas cuadras y a ella le pedirían permiso para que las dejara bañarse por las noches.

Se sentía triunfadora con este logro, se despidió de Elena para poder ir a hablar a la administración de su departamento ya que no podía desperdiciar ni un solo día porque un día representaría un gasto más que ella no podía hacer.

Canceló el departamento y muy temprano empacaron sus cosas para irse a su nuevo hogar y negocio.

 

 

 

13

 

 

 

Apenas habían dado las ocho de la mañana cuando llegó a la casa de Elena a recoger las llaves, la puerta de la tienda no tenía chapa, era solo una cadena que se metía por una plaquita de fierro y por el agujero en donde debería estar la chapa, esta cadena tenía un candado que posiblemente se podría abrir con un pasador del pelo, pero ella se sentía feliz, de inmediato se puso a barrer y echar agua por todos lados para limpiar, ya estando en lo limpio estaba segura de que podría pensar mejor cuál sería el siguiente paso.

En la parte de atrás de la tienda había muchas cajas de cartón, mismas que extendió y limpió perfectamente bien pensando que éstas las podrían utilizar para dormir sobre ellas.

Ya eran pasadas las dos de la tarde cuando terminaron de asear el local, dejó a Sandra Lucía de encargada de la tienda y ella se fue a recorrer los domicilios de algunos proveedores que le abastecieran de mercancía, pero como nadie la conocía en la ciudad y ella no podía dar ninguna referencia comercial no logró que le dieran crédito.

Llegó muy triste y le dijo la niña que habían ido los vendedores de la coca cola y la carta blanca pero como no le había dado ningunas instrucciones al respecto ella no les había comprado nada.

En el camino compró una parrilla de resistencias que iría a utilizar como estufa para cocer los alimentos.

Compró un poco de carne, unas verduras, frijoles, sal, azúcar y café instantáneo. Entonces le dijo a Sandra Lucía, ya verás hijita que ahorita te voy a hacer una comida deliciosa y ya con el estómago lleno veremos cuáles van a ser las actividades para el día de mañana.

El siguiente día era domingo así que no visitaría proveedores, Sandra Lucía le dijo que podrían ir a misa y a visitar a Elena pero de inmediato le contesta:

No mi cielo, porque la tienda no se puede cerrar, no la vamos a cerrar nadamás que para dormir y la niña le contesta pero Mami si no tenemos nada para vender y rápidamente le dice, es importante que la gente vea siempre abierto un negocio, porque eso invita a que ellos entren.

 

 

 

14

 

 

 

Llegó la noche y comenzó a preparar la cama, cubrió un buen pedazo de cemento con los cartones que había limpiado, empalmándolos todos para que el frío no les pasara, puso muy bien extendida sobre ellos la ropa que llevaban en las maletas, y para taparse puso los abrigos y sacos de las dos más toda la ropa que quedaba y así durmieron sin sentir mucho frío.

Martha Beatriz una semana antes ya había investigado perfectamente cuáles eran las escuelas en dónde podría estudiar Sandra Lucía en el País vecino, pero ninguna le convenció al ir a visitarlas.

Cuando Nini terminó la universidad en la capital, la mandó a perfeccionar el inglés en UTEP, universidad que ella podía ir a ver y así lo hizo, le pareció que era lo mejor para la niña.

Después de perderse unas tres veces pudo llegar a UTEP, pidió hablar con el Director de Idiomas y sin saber por dónde comenzar le dijo que ella no tenía ni un solo centavo para que estudiara el idioma su hija, pero que debería de hacerlo porque ella la iba a educar en Estados Unidos.

Le solicitó al Director que si le permitía pagarle la colegiatura en abonos, misma que le costaba $ 550.00 Dlls., cada siete semanas y media que era lo que duraba cada curso.

El Director esbozando una sonrisa que pretendía que no pareciera burlona le dijo que en la universidad no se daban ese tipo de créditos.

Sin tener más remedio Martha Beatriz tuvo que contarle su historia, todo lo había perdido, inclusive le contó que ella había enviado a su hija mayor a perfeccionar el inglés a UTEP, pero que ahorita eran unos tiempos malos para ella pero le aseguraba que la niña no terminaba el curso sin que ella ya le hubiera liquidado la colegiatura correspondiente a esas siete semanas y media.

El Director agregó que la universidad no era para niños, entonces ella lo convenció de lo extraordinaria estudiante que era su hija, que le aseguraba que iba a tener los primeros lugares en el grupo.

Le dijo que si su hija no cumplía con las calificaciones en sus estudios, o que si ella no liquidaba la colegiatura al término del curso iría a darle las gracias y a retirar a su hija de UTEP.

 

 

 

 

15

 

 

 

Por debajo del escritorio Martha Beatriz permanecía con los dedos cruzados para que Dios la ayudara, nunca dejó de ver los ojos del Director para que él se diera cuenta que estaba segura de sí misma y de lo que prometía cumplir.

El Director bajó su mano y tomó una hoja de papel en donde se puso a escribir una nota, misma que le dio a Martha Beatriz diciéndole que pasara a registrar a su hija y que esperaba que se presentara al curso que acababa de iniciar.

Salió de la universidad con los ojos llenos de lágrimas y esperó que se le pasara la emoción para poder manejar.

Todos los días salían a las 6 de la mañana ya que para ir a la universidad se tenía que hacer mucha línea en el puente de inmigración y entre los automóviles hay cientos de vendedores, que expenden desde aguas frescas hasta pinturas, cuadros, cigarros, adornos para los jardines, Etc.

Entonces un día compró Martha Beatriz un cuadrito con el Sagrado Corazón, lo puso recargado en el asiento de atrás del carro y le dijo a Sandra Lucía:

Ya verás hijita que si Dios quiere te voy a comprar una casa acá en Estados Unidos.

Sandra Lucía se quedó mirándola y le dijo, Mamita pero cómo dices eso si nos acostamos arriba de cartones, cocinas en una parrilla de resistencias, no tenemos ni un calentoncito siquiera y dices que me vas a comprar una casa acá?

Te lo aseguro hijita, ya verás.

Llegó el domingo que no iba a haber más actividad que la de volver a limpiar el local de la tienda, recoger lo que había sido una cama en la noche, tirar muchas cubetas de agua a la entrada de la puerta de la tienda, decía Martha Beatriz que el agua se lleva mucho la mala energía, así que ella siempre tenía la banqueta muy limpia y bien regada, hizo algo para comer durante el día y Sandra Lucía le pidió permiso de ir a visitar a Elena para jugar con su hija, eso le dio oportunidad de tomar su cuaderno y planear lo que haría el lunes para conseguir créditos para su negocio.

 

 

 

16

 

 

 

Salió el lunes después de haber ido a dejar a la universidad a Sandra Lucía, ya para las ocho de la mañana venía de regreso y le daba oportunidad hasta la una de dedicarse a sus proveedores, ya que a las dos y media de la tarde tenía que estar recogiendo nuevamente a Sandra Lucía en la universidad, pero no consiguió nada.

El martes tampoco, nadie le quería dar crédito, le hacían llenar formatos que a la hora de ver sus referencias ella no tenía ninguna.

Entre 10 y 11 de la mañana trataba de estar en la tienda ya que a esa hora pasaba el camión que repartía coca cola y el de la cerveza carta blanca que solo ellos le daban crédito de una semana.

Como era invierno compraba solo un pedazo chico de hielo para repartirlo en las cajas de lámina que eran las únicas hieleras que tenía.

La utilidad del refresco era muy poca porque eran precios controlados, en donde ganaba un poco más de utilidad era en la cerveza, o sea que era lo único que estaba vendiendo, ya los rollos de papel sanitario, los jabones de baño y los cereales que tenía la tienda se habían vendido.

En la esquina de su calle había una tienda que vendía cartones de cigarros y cajitas con carteras de cerillos, iba y compraba unos dos cartones diarios de los cigarros que más se vendían y se estaba sin cerrar la tienda hasta más de las dos de la madrugada para ver si vendía algo de refrescos, cervezas, cigarros o cerillos.

Había dispuesto muy bien la parte de enfrente y la parte de atrás de la tienda, ya que para ella la parte de atrás era como si fuera su casa, así que acostaba temprano a Sandra Lucía para que fuera al siguiente día muy despejada a la universidad.

El miércoles amaneció con la moral en el suelo, no podía darse por vencida pero ya casi había recorrido todos los negocios que vendían por mayoreo y nadie la había ayudado.

No quiso salir a ningún lado.

Estaba sentada atrás del mostrador sin poder contener las lágrimas, cuado llegó un niño como de unos 10 años vendiendo unos pergaminos.

 

 

 

17

 

 

 

Entró a la tienda y le dijo que si le compraba uno, que tenía hambre porque no había vendido nada.

Martha Beatriz le dijo que tomara un refresco y que le iba a hacer unos taquitos de frijoles con huevo, mientras el niño comía con gran gusto, ella se puso a leer los pergaminos y se encontró con uno que se llamaba "Las Huellas del Señor" y cuando leyó que Dios decía que cuando no veía sus huellas era porque El lo llevaba en sus brazos, comenzó a llorar copiosamente tanto que el niño le dijo que si ella quería le podía dejar los pergaminos y más tarde pasaba a recogerlos.

Se los entregó pero le pidió que le dejara Las Huellas del Señor y que le permitiera pagárselo al siguiente día.

El niño aceptó con gusto y salió feliz después de terminarse su comida.

Martha Beatriz continuaba con el pergamino en sus manos llorando y leyéndolo una y otra vez cuando entró un señor ya mayor con un envase de cerveza en sus manos, él le pregunta qué era lo que le pasaba, que por qué estaba llorando y ella le contesta que nadie le quería dar crédito, que no sabía qué iría a hacer para llenar la tienda de mercancía, que si no tenía mercancía no tenía nada que vender y eso la llevaría a la ruina.

Bueno, le aclara, a una ruina mayor, ya que tengo que pagar lo que me costó la tienda y la renta y el depósito que con mucha confianza me permitieron que lo liquidara en el curso de dos meses.

El buen señor mirándola fijamente le dice: “yo tengo un hijo enfermito, él es alcohólico ’’ por eso vengo a llevarle su cerveza y no me desanimo, siempre pienso que él se va a componer un día.

Deje de llorar, limpie esas lágrimas, cierre su tiendita y salga a seguir buscando quién le dé crédito, le aseguro que lo va a encontrar.

Le dio la cerveza al señor, más tibia que fría ya que aún no llegaba el hielo, cerró la tienda y salió pensando que no debía perder la fe, porque a lo mejor Dios la tenía en sus brazos y ella no se había dado cuenta de ésto.

 

 

 

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Tomó su automóvil que lo estacionaba a la vuelta de la esquina y comenzó a manejar por la misma calle en donde ella tenía su tienda.

De pronto a unas cuadras adelante sobre su mano derecha vio un anuncio de un negocio que vendía al mayoreo, lo raro era que ella había pasado por ahí muchas veces antes y nunca lo había visto.

Estacionó el carro y entró.

No había nadie, mas de pronto de la parte de atrás entró un señor de unos 60 años, con unos papeles en sus manos y le pregunta si le puede servir en algo.

Sin pensarlo mucho Martha Beatriz le cuenta que ella tiene poco tiempo de haber llegado a la ciudad, que ya fue a casi todos los almacenes de mayoreo pero que nadie le quería dar crédito por no tener referencias comerciales, le comenta que ella había comprado la semana anterior una pequeña tienda sobre esa misma calle, pero que cuando se la vendieron no tenía nada de mercancía, que estaba desesperada y ya no sabía ni qué hacer.

El agradable señor se presenta con ella extendiéndole su mano y le dice que él es el dueño de ese negocio y le preguntó si ya tenía la lista de lo que necesitaba y con las manos temblorosas Martha Beatriz saca una hoja de papel en donde traía anotadas las mercancías que necesitaba, se la entrega y él a su vez se la da a un muchacho que acababa de salir de la parte de atrás y le dice:

“Ten esta lista de mercancía que la señora necesita y quiero que para mañana a las 9 de la mañana se la estén entregando ”.

Le extiende la mano nuevamente para despedirse de ella y le dice:

“Mis muchachos la atenderán, me retiro porque dentro de un momento tengo una cita en la cámara de comercio ”.

Martha Beatriz se quedó de pié ahí sin poder moverse, el muchacho que tenía la lista de mercancía en sus manos le pregunta su nombre y la dirección de dónde se va a llevar la mercancía, agregando que a las 9 del día siguiente le sería entregada.

 

 

 

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Salió del local comercial y caminó hacia su automóvil pensando si todo era verdad o que si estaba soñando, se subió y lo primero que dijo fue:

Señor, tu me tenías en tus brazos, estoy segura de eso.

Ella había hecho una lista de mercancías muy completa, la hizo desde que fue a visitar al primer proveedor, ahora pensaba cómo la iría a acomodar si efectivamente se la entregaban al siguiente día como lo había prometido el dueño del negocio.

Se fue con Elena y le platicó lo sucedido, cosa que le dio mucho gusto.

Pero ahora necesitaba que alguien le pusiera unas maderas en la pared que sirvieran de anaqueles para colocar la mercancía y Elena que conocía a mucha gente le dice de inmediato, ahorita le mando hablar a Chuy para que te instale esas maderas, él sabe hacer de todo y cuando llegó Chuy, le dijo lo que tendría qué hacer y le pidió dinero para comprar el material necesario y unas partes de fierro en donde irían sostenidas las maderas para exhibir la mercancía.

Ella traía en la bolsa el dinero de las cervezas y los refrescos que vendía, no era mucho pero serviría para algo.

Se lo dio a Chuy y le dijo que comprara lo que le alcanzara con el dinero que le estaba dando y que al siguiente día le daría otro poco hasta terminar con el trabajo.

Durante toda la tarde y hasta ya entrada la noche Chuy trabajó poniendo las tablas en la pared, casi no durmió esa noche pensando que al día siguiente tendría algo que vender.

Como todos los días salieron tempranito para dejar a Sandra Lucía en la universidad, regresó, abrió la tienda y parada en la puerta entreteniéndose en echar agua en la banqueta esperó a que dieran las 9 de la mañana.

Casi sin poder tragar saliva y con la boca seca vio a lo lejos un camión grande que venía a unas dos cuadras de su tienda, comenzó a pedirle a Dios que por favor fuera el camión con su mercancía.

 

 

 

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Cuando vio que el chofer orillaba hacia la banqueta el vehículo un poco antes de llegar enfrente de su tienda, llena de emoción les dijo que estaban en el domicilio correcto y que bajaran su mercancía.

Así lo hicieron y al final le dieron una factura para que la firmara diciéndole que tenía un mes para liquidarla.

Cotejó muy bien lo que venía en la factura contra lo que estaba recibiendo, se las regresó previamente firmada y les pidió que agradecieran de su parte al dueño del negocio por la confianza que había depositado en ella.

El chofer del camión le dijo que fue muy raro lo que hizo el señor Montemayor, porque él siempre cubre muchos requisitos para dar crédito a los clientes, yo pensé que usted ya lo conocía y ella se concretó a decir solamente gracias, gracias.

Sin perder tiempo se puso a acomodar su mercancía en las tablas que una noche antes le había ya dejado instaladas Chuy, hizo hacia atrás las hieleras, y el gabinete de fierro para seguir dejando la división que era la que correspondía a su casa.

Las cajas grandes en donde venía alguna mercancía las desdobló muy bien y las colocó en la parte de atrás porque ésto significaba que en la noche el colchón de la cama estaría mucho más protegido.

En la banqueta iba dejando algunas cosas como empaques, papel, Etc., que tiraría en la basura, pero aún no se iba a recoger a Sandra Lucía a la universidad cuando llegó el vendedor del Pan Bimbo.

Le preguntó qué era lo que necesitaba y ella le contestó que todo, pero que en ese momento no tenía dinero y él le respondió:

Usted trabaja para el dueño de la tienda?

Y contesta que no, yo soy ahora la dueña y sin demora le informa que el crédito es de semana a semana, que le iba a bajar un exhibidor para poner el pan y que él iba a pasar dos o tres veces en la semana para reponerle lo que fuera vendiendo, y agregó: llegué porque ví muchas cosas en la banqueta y la tienda abierta, antes pasaba y estaba cerrada porque ya abrían tarde.

 

 

 

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Cuando el vendedor del pan se fue ya era hora de ir a recoger a la niña, pero antes de hacerlo metió los empaques y cartones y los guardó atrás de la tienda, diciendo: ahorita que regrese los vuelvo a sacar para ver quién más viene a venderme mercancía.

Cuando regresó, lo primero que hizo fue atravesar la calle e ir a un localito que tenía un señor que vendía cosas de segunda mano.

Le preguntó si no tenía algún radio barato que le vendiera, entonces el señor le mostró un radio pequeño azúl celeste y le dijo que tocaba muy bien y que se lo daba en diez pesos, los mismos que le liquidó.

Se fue a su tienda, lo conectó y Sandra Lucía que estaba comiendo le pregunta, Mami ya tenemos también radio? y le dice si mi amor, cuando menos ahí escucharé las noticias, ya que no tengo ni tiempo de leer el periódico, pero ahorita que recuerdo creo que ví entre las cosas que vende el vecino un calentoncito redondo, voy a ir a preguntarle para ver si funciona y en cuánto lo da.

Llega nuevamente y señalando con la mano el calentoncito que era casi miniatura le pregunta al dueño del negocio que si funcionaba bien, éste lo toma y lo conecta y se ponen rojas las resistencias del aparato, casi tenía uno que estar encima de él para sentir el calor de lo pequeño que era, pero funcionaba y cualquier calor era bueno para soportar el frío que llegaba hasta bajo cero por las noches.

Pues el meter y sacar la basura estaba dando muy buen resultado.

A media tarde llegó un hombre muy bien vestido con un portafolios en la mano, le dijo que trabajaba para una empresa que vendía mercería, que eran hilos, hilazas, alfileres, agujas para coser en máquina, agujas para coser a mano, seguros, dedales, aros para bordar y otras cosas más.

Como siempre, lo primero que preguntó Martha Beatriz fue si se le daba crédito y a qué plazo.

Convinieron en lo que el vendedor le dijo y le hizo el primer pedido, mismo que se le entregaría al día siguiente.

 

 

 

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Ya eran cerca de las dos de la madrugada cuando decidió cerrar la tienda, solo unos cuantos desvelados borrachitos que salían de los bares y cantinas que había en su cuadra eran los que llegaban de vez en cuando y lo más que le compraban era una cajetilla de cigarros cuando bien le iba, o un cigarro suelto, los que posiblemente habían gastado en sus bebidas todo su dinero.

Cuando visitó por primera vez Sandra Lucía la tienda que había comprado su Madre, le llamó mucho la atención que donde estaban las cajetillas de cigarros había una abierta, e igualmente observó que había un paquete de pañales de niño abierto y al preguntarle a Elena por qué era eso.

Ella le contestó que había mucha gente que compraba cigarros sueltos y también acudían señoras a comprar un solo pañal, así que ellas seguirían haciendo lo mismo para no perder ni un solo cliente.

Con la ayuda de Dios el día había sido maravilloso, le habían traído su primer pedido grande y ya contaba con dos proveedores más, el del pan bimbo y el de la mercería.

En la mañana siguiente cuando regresó de dejar a Sandra Lucía en la universidad, pensó que sería muy bueno ir a visitar en un centro comercial una tienda muy grande que vendía de todo, ella quería tener una idea de los precios que daban en la mercancía que iba a vender en su tienda.

Sacó de su bolsa papel y lápiz y apuntaba los precios, así de ninguna manera ella daría más cara la mercancía de lo que se vendía ahí, y estaba muy entretenida haciendo ésto cuando llegó un empleado ejecutivo de la tienda y le dijo que estaba prohibido que ella hiciera ese tipo de anotaciones, discutieron con cierta atención, pero este empleado le dijo que si no dejaba de hacerlo le hablaba a seguridad.

Tranquilizándolo para no hacer en ese lugar público una escena desagradable Martha Beatriz abandonó el establecimiento.

Ese día ella había amanecido muy feliz así que no quería tener ningún tipo de problema, pero dejó pasar unos tres días y fue nuevamente a ese almacén.

 

 

 

 

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Escribió los precios de los productos que le habían faltado con muchísima discreción y las visitas se sucedieron dos ó tres veces por semana hasta que ya estaba actualizada de los precios de todas las mercancías que tenía en su tienda.

Todos los días por la mañana que regresaba de dejar a su niña en la universidad, Martha Beatriz sacaba la basura de la buena suerte que ponía atrás cuando cerraba su tienda por la noche.

Llegaron más proveedores, como el vendedor de las papitas que le dejó otro exhibidor para ponerlas y llegó un vendedor de paquetes de tortillas de harina que la visitaba tres días a la semana para dejarle nuevas entregas.

Con las poquitas ganancias que tenía, compró unas carteras de huevos que las puso sobre el mostrador, de ahí tomaba ella para hacer su comida y servían también para que la clientela viera que cada día la tienda tenía más mercancía.

Como las horas de la noche eran muy largas después que Sandra Lucía se dormía, Martha Beatriz tenía a su alrededor mucho silencio que le permitía pensar qué más podía hacer para mejorar su tiendita, solo la acompañaba el sonido de su radio que no lo apagaba mientras ella estaba despierta.

Después de haber trabajado unas tres semanas pensó en ir a visitar a los ejecutivos de la carta blanca, de la coca cola y una fábrica que vendía bolsas de hielo.

Consiguió que la cervecería le regalara 20 cajas de envases de cerveza, y le diera un refrigerador para enfriarla.

De igual manera la coca cola le dio otro refrigerador obligándola a firmar un contrato en donde decía que exclusivamente los refrescos que ellos tenían vendería.

Y finalmente, la fábrica de hielo le prometió que en el mes de marzo le llevarían un congelador vertical para que lo tuviera ella en su negocio, se comprometieron a tenérselo siempre abastecido para que tuviera permanentemente bolsas de hielo para vender a su clientela.

 

 

 

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Cuando el mes de enero terminó, Martha Beatriz se sentía feliz con los logros obtenidos.

Un sábado en la mañana muy temprano pasó un señor cargando unas jaulas cuando ella estaba regando la banqueta y le preguntó si no quería comprarle un pajarito, que llevaba de varias clases y Martha Beatriz se fijó en un perico que estaba muy triste parado en una madera redonda que atravesaba la jaula y le inquirió en cuánto lo daba y comenzó el regateo que tanto la caracterizaba, ella siempre decía:

" Un dinero ahorrado, es un dinero ganado ".

Convinieron en el precio no sin antes decirle al pajarero que le regalara también la jaula ya que ella vivía en la tienda y núnca antes había tenido ninguna clase de pájaros.

El hombre accedió después que Martha Beatriz lo invitó a que se tomara un refresco y que le iba a hacer unos taquitos de huevo con frijoles porque como era tan temprano estaba segura que todavía no desayunaba.

El pajarero le agradeció mucho y le dijo que desde un día antes que se vino de su rancho aún no había tomado ningún alimento, que con gusto le regalaba la jaula para su perico.

Cuando llegaron a la frontera, Sandra Lucía le dijo a su Madre que la gente hablaba muy diferente a como se hablaba en la capital y a la niña le parecía muy extraño que en ocasiones se referían a alguien llamándole ....cholo....entonces, pensó Martha Beatriz que un nombre que le vendría perfecto al perico sería: "Cholo".

Todos los días por la mañana cuando ella se ponía a echarle agua a la banqueta sacaba al cholo y éste se sentía tan feliz viendo pasar los automóviles y a las gentes que transitaban por ahí, que se la pasaba graznando muy fuerte.

Martha Beatriz le decía “ muy bien cholo, avísale a todo mundo que ya la tienda está abierta ”.

 

 

 

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Lo dejaba afuera un par de horas pero al comenzar a darle sol al cholo lo metía y seguía hablando con él, así que le servía de mucha compañía también.

Había pasado ya el mes de febrero, entonces comenzó a conocer Martha Beatriz un poco más a los vecinos de la tienda, ya tenía clientes asiduos para las cervezas, sobre todo ya noche cuando las otras tiendas y vinaterías cerraban, ya sabía quién le compraría pañales de niño sueltos, ya conocía a las señoras que iban muy temprano a comprarle huevos y pan.

Ella abría su tienda todos los días de la semana y el domingo que los demás negocios estaban cerrados, era cuando más vendía.

Comenzó a darse cuenta también que pasaban muchachos con una caja de cartón en los brazos vendiendo cigarros americanos, entonces platicando con uno de ellos le dijo que su patrón iba al otro lado a comprarlos y se los daba a ellos a venderlos dándoles una comisión por lo que vendían al día y que en los lugares en donde más les compraban era en los bares y cantinas, pero que mucha gente fumaba cigarrillos americanos que lógicamente eran más caros que los nacionales.

Decidió que era muy importante ir a la ciudad vecina y comprar ella misma los cartones de cigarros americanos y venderlos también en su tienda y así lo hizo, investigando con gran diligencia en qué lugares se vendían.

Arriba del mostrador le hizo Chuy un exhibidor con vidrio para poner las cajetillas de cigarros americanos.

La tiendita día con día iba viéndose más bonita, completa y bien surtida.

Ya faltaba poco para que entrara la primavera, bendito sea Dios, porque durante todo ese crudo invierno ni a ella ni a Sandra Lucía les había dado ni un catarro, aún cuando dormían sobre el cemento teniendo solo como colchón cajas de cartón desdobladas.

En su mente estaba fija la idea que de cuando más necesitaban ayuda, Padre Dios las llevaba en sus brazos.

 

 

 

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Como lo habían planeado desde el principio, todas las noches se iban a bañar a la casa de Elena, pero al pasar el tiempo conocieron también a dos hermanas que eran vecinas, Isela y Eva.

Ellas eran personas encantadoras que les ofrecieron también su casa para bañarse por las noches y varias veces durante el día llegaban a la tienda a platicar y así fue fomentándose una linda amistad.

Un día, Eva le comentó a Martha Beatriz que ella llevaba diariamente a sus sobrinas a la universidad y si quería, por una suma cómoda ella podría llevar también a Sandra Lucía y traerla de regreso cuando recogía a sus sobrinas.

Esto le pareció fabuloso a Martha Beatriz, ya que lo que le pagara a Eva sería más o menos el costo que ella gastaba en la gasolina de su automóvil, pero lo mejor sería que de aceptarlo lo que más le convenía, era que no tendría que cerrar ni un momento la tienda y eso le permitiría mejores ventas.

Desde que Evita comenzó a llevar a Sandra Lucía a la universidad, Martha Beatriz tenía abierta la tienda desde las 7 de la mañana en que se ponía a echar agua a la banqueta y sacaba al cholo, hasta las 2 de la madrugada del siguiente día, aclarando que viernes, sábado y domingo en ocasiones cerraba hasta pasadas las 3 de la madrugada, esos días la gente compraba cerveza y otras cosas mientras la tiendita estaba abierta, no importando la hora que fuera.

Martha Beatriz personalmente había dado de alta su tienda en las oficinas de la ciudad y había puesto que era tienda de abarrotes, y de segunda, tanto en línea blanca, electrónica, muebles y ropa, bisutería y regalos.

Aunque en ese momento ella no tenía dinero quería que abarcara todo en la línea de apertura y así lo hizo sin ningún problema.

Revisaba muy bien los periódicos del domingo para ver qué cosas se vendían en oferta en las tiendas de la ciudad vecina y el sábado que Sandra Lucía no estudiaba se quedaba en la tienda solita, en la mayoría de los casos Martha Beatriz les avisaba a Isela y a Evita para que le dieran vueltas a la niña y ella se iba a comprar mercancías en oferta que vendía a precio regular.

 

 

 

 

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El número de horas que la tienda estaba abierta, más el cuidado que Martha Beatriz tenía de llenarla cada día con más variedad de mercancías, ….qué cantidad…., le permitía pagar en forma puntual a sus proveedores y pensó que ya era hora de comprar una estufa chica de segunda, una cama, instalar un bóiler, un fregadero para lavar los utensilios de cocina y una ducha que les permitiera ya bañarse en casa.

Había una colonia en la ciudad en que ponían infinidad de puestos vendiendo cosas de segunda, todo lo que uno solicitaba ahí se podía encontrar. Fue a investigar los precios, y con la ayuda de Chuy en dos semanas ya tenían sus necesidades cubiertas en la casa, ella se sentía bendecida por cada cosa que iba instalando.

Ya era tan conocida la tienda por los vecinos que en ocasiones se quedaban dormidas el domingo después de las siete de la mañana, que acudían a tocarles la puerta que estaba cerrada con la cadena y el candado que ella ponía con cuidado por dentro para que nadie las sorprendiera queriéndolo forzar por fuera.

A medida que pasaba el tiempo se daba cuenta que en los domingos vendía lo mismo que se tardaba en vender durante todos los días de la semana.

Después del medio día se sentía agotada más que nada porque cuando mucho dormía solamente 4 horas diarias, y se decía para si misma:

“ Si Napoleón dormía solo 4 horas, por qué yo no ? ”.

Pero había días que cuando Sandra Lucía llegaba de la Universidad y comía, entonces le decía que iba a tomar una siesta y con una hora que durmiera, se sentía nueva para seguir hasta las dos de la madrugada.

Eran muchas horas las que tenía que trabajar, pero eso no importaba porque la niña estaba ya estudiando, tenía sus cuentas muy bien hechas, así que podía enviar abonos a la universidad hasta dos y tres veces por semana. Sandra Lucía luego se enojaba con ella porque le decía que le daba vergüenza de llevar solo $ 20.00 dólares de abono y siempre le recordaba, que no se te olvide pedirles el recibo por la cantidad que les entregas hijita. La niña insistía diciéndole, podrías guardar mejor esas cantidades Mamita y así se las llevo juntas.

 

 

 

 

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No, no, le contestaba, porque necesitamos tanto el dinero que tenerlo en las manos es una tentación y jamás faltaré a la palabra que le dí al Director de Idiomas de haber pagado todo el curso antes de que lo termines.

Yo cumplo con lo mío y tu cumples con tener las más altas calificaciones del grupo.

El grupo en donde estudiaba Sandra Lucía era de personas mayores, pero ella sacaba las mejores notas.

Un día le dijo a su Mamá que como no le daba ni un centavo para su lonche, que se iba a llevar fritos, papitas y dulces para venderles a sus compañeros en las horas de descanso, así que ella también hacía su negocio con sus compañeros de clases.

Lo malo era que nunca regresaba a la caja el costo de ellos.

Poco tiempo después llegó el vendedor de los jugos Júmex, así que agregó éstos también a la lista de ventas.

Un buen día llegó a la tienda una señora vendiendo pasteles de limón, que según lo que costaban era como se partían las rebanadas, para que hubiera utilidad en la venta y cuando Sandra Lucía llegó de la universidad y vió el pastel sobre el mostrador le dijo a su Madre, yo puedo hacerte también el pastel, si me lo compras a como te lo dá la señora, Mamita, de verdad te saldrá igual? le preguntó casi incrédula y le dijo:

" O mejor,.... ya verás ".

Ya tenían la estufita de segunda que les había instalado Chuy, aunque era chica tenía horno, así que tomó harina de la tienda, huevos, azúcar, dinero de la caja para comprar los limones y todo lo necesario, e hizo el pastel más delicioso que hubiera probado Martha Beatriz, por supuesto ya no se le volvió a comprar a la señora ningún pastel ya que Sandra Lucía hacía uno todos los días.

Cabe mencionar que los costos de los ingredientes que necesitaba, tampoco fueron ingresados a la caja jamás.

 

 

 

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Pero Martha Beatriz se sentía más orgullosa cada día de los progresos de su hija y la ponía a prueba constantemente, todo lo que venía en las etiquetas de las mercancías que compraba del otro lado, agregándole volantes y otros documentos, hacía que se los tradujera como tarea perfectamente la niña, si algo todavía no entendía tenía un modesto diccionario que la universidad les había obligado a comprar.

Sabía agregar el porcentaje de utilidad a los precios que venían en las listas de las facturas, inventariaba lo que había de mercancía para hacer los nuevos pedidos y siempre que recibía uno, checaba lo que estaba recibiendo con el documento que iba a firmar, si su Mamá había salido, cuando regresaba lo primero que le decía,....ya revisé todo....y está perfecto, ella ya sabía que sin excepción se lo iba a preguntar su Madre.

Era una diferencia de 11 años de edad entre Nini la primera hija de Martha Beatriz y Sandra Lucía la más pequeña, así que ella creció entre pura gente mayor, su Madre siempre les decía que la responsabilidad de ellos era cumplir como los mejores en su escuela y miles de veces les repetía.

"Los estudios son los que abren las puertas del éxito en la vida ".

Nunca esperen que les diga que deben de hacer su tarea, porque ésa es su obligación. La mía, tenerlos en las mejores escuelas y pagar su colegiatura, la de ustedes cumplir como los alumnos más brillantes.

Desafortunadamente era Madre de medio tiempo ya que los horarios en los trabajos que había tenido eran de muchas horas durante el día, además nunca respetaba los horarios establecidos por la empresa en donde prestaba sus servicios,....siempre daba un extra....aunque no se lo pidieran, soñaba con superarse y ser mejor, decía que a ella le había tocado vivir contra el tiempo.

A Martha Beatriz le tocó sufrir por la muerte de su Padre desde muy pequeña, aunque dejó una considerable fortuna se fue terminando poco a poco, su desconsolada Madre había quedado sola con cinco hijos, el mayor de 11 años y el ultimo con solo 7 meses de nacido.

En aquellos lejanos años las mujeres no eran preparadas para hacerse cargo de sostener solas a una familia, ella vio trabajar intensamente a su señora Madre para sacar adelante a sus hijos.

 

 

 

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Cuando la escuchaba llorar a solas en su inocente mente brillaba la idea de la necesidad que ella tendría de estudiar para sufrir menos en la vida.

Sus abuelos le habían dado a su Madre una extraordinaria preparación para ser una excelente ama de casa, le pusieron maestros de alta costura, cocina, bordado, pintura, tejido, Etc., pero no a enfrentarse sola en la vida con cinco hijos, la habían llevado inclusive a Estados Unidos para realizar sus estudios al más alto nivel, más avanzados y con programas especiales que no existían en México.

Martha Beatriz recordaba entre nieblas cosas muy bellas de su Madre, como verla bordar un pañuelo poniendo las iniciales de su Padre, en lugar de usar un hilo,...ponía en la aguja uno de su cabellos, para personalizar de esa manera su trabajo.

La vio forrar los viejos muebles de la sala como el mejor tapicero.

Hacer rollos de nuez en navidad para vender. Poner un sillón frente a un espejo para cortar el pelo y otro para hacer permanente.

Abrió una tienda sin saber manejarla, vio cuando uno de los proveedores fue a embargarla por faltar a sus pagos, defendiéndola siempre en estos casos un tío que era un gran comerciante y esposo de una hermana de su Padre, su Madre lloraba desconsolada durante varios días cuando le sucedían estas cosas y Martha Beatriz la veía escondiéndose siempre detrás de algún mueble.

Sentía que de ese modo la cuidaba, pero si su Madre la descubría viéndola llorar la regañaba bastante fuerte y la mandaba que se fuera a jugar al patio.

Inició también una pequeña fábrica de ropa de mujer, cosía a máquina con dos empleadas que la ayudaban desde muy temprano en la mañana, ellas se iban a las seis de la tarde y su Madre seguía cosiendo hasta más de la media noche.

Dividió la gran casa que les había dejado su Padre, para rentar un lado y ellos vivir en la otra ala de la casa.

Así creció Martha Beatriz viendo trabajar a su Madre día y noche sin descanso para educar y mantener a sus hijos, la vió llorar la muerte de su Padre todos los días de su vida, nunca se resignó a perderlo.

 

 

 

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Decía que por qué Dios se llevaba a la gente buena, él había sido Médico Militar de profesión, amaba a su pueblo tanto que siempre trabajaba para mejorarlo, creaba comités para que lo ayudaran a componer la iglesia, organizó las primeras ferias del pueblo para obtener fondos para las mejoras del mismo, plantaba árboles en la plaza, ponía juegos para los niños, iba a vacunarlos todos los años a las escuelas para que no se enfermaran, ayudaba a todos sin interesarle que le pagaran o no, era un gran filántropo.

El día en que él murió se cerraron todas las escuelas para acompañarlo en su funeral, se pusieron moños negros en la Iglesia, en la Presidencia Municipal, en la Mutualista Melchor Ocampo, y en todas las escuelas de su amado pueblo.

Todo aquel que podía caminar lo acompañó hasta dejarlo en su última morada.

La gente lo amaba también.

Un día llegaron unas personas a pedirle permiso a su Madre para poner un monumento en una plazuela que llevaría su nombre para honrarlo y para recordarlo siempre. Martha Beatriz decía que no había existido ni un solo día en que su Madre no les hablara de él.

Martha Beatriz había crecido teniendo siempre en su mente el ejemplo que sus Padres le habían dado.

Un día decidió su Madre a instancias de Martha Beatriz y de su Abuelito, de vender la casa en el pueblito en donde vivían, ya que ella y dos de sus hermanos trabajaban en una ciudad que quedaba a 20 kilómetros, no quería hacerlo porque decía que esa casa se la había dejado su esposo para ella y sus hijos y que de ninguna manera la vendería.

Finalmente viendo la realidad de ver partir todos los días a sus hijos en un camión desde las siete de la mañana y regresar casi hasta las seis de la tarde, la hizo vendérsela a un señor que deseaba modificarla y poner una sala de cine, la casa estaba localizada frente a la plaza principal del pueblo y eso favorecería mucho a su negocio.

Se realizó la venta y partieron todos a la ciudad, su Madre había rentado una casa de dos pisos en donde vivirían en tanto mandaba construir la casa que sustituiría a la que su Padre les había dejado.

 

 

 

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Se sentía feliz sabiendo que su Madre estaba cerca de ella y de todos sus hermanos, podía inclusive ir a comer a medio día a su casa, todo era diferente, cuando Martha Beatriz comenzó a trabajar en la ciudad, su Madre la peinaba en la mañana prendiendo una lámpara de petróleo para poder ver, en el pueblo no había electricidad, solo la tenían de las 7 a las 11 de la noche y ya en la ciudad contaban con electricidad día y noche.

Así pasaron los años, se mudaron luego a la casa nueva y mejoraban las cosas, pero su Madre no dejaba de trabajar, ella seguía cosiendo ropa, era muy solicitada para hacer vestidos de novia y trajes de noche bordados a mano que le quedaban bellísimos.

Llegó el día en que Martha Beatriz fue solicitada en matrimonio por un joven ingeniero.

Se casaron y tuvieron dos hijos, Nini la primera y Brandon su segundo hijo, era lo que más amaba en la vida, sus hijos.

Tenía tantos sueños para ellos, decía que cuando crecieran los enviarían a la capital para que ahí llevaran a cabo sus estudios, pero desgraciadamente se daba cuenta que el dinero que su esposo ganaba escasamente cubría las necesidades primarias de la casa.

Ella lo ayudaba mecanografiándole su tésis profesional porque aún no había presentado el examen para recibir su título de ingeniero, siempre platicaba con él diciéndole que lo mejor sería irse a vivir a la capital cuando él ya se hubiera recibido, porque si seguían permaneciendo en esa ciudad tan pequeña nunca podrían educar bien a sus hijos.

El consentía en esa idea y llegó el día en que finalmente fue a la capital a presentar su examen profesional.

Le comentó a Martha Beatriz que le habían dicho sus jefes que al hacerlo se le aumentaría el sueldo de inmediato, pero la desilusión llegó cuando el aumento que le hicieron era tan poco que no les iba a solucionar nada, menos la idea de poder ahorrar algo para los estudios de sus hijos.

 

 

 

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Estando seguros de que la ilusión de contar con más dinero en la casa ya no existía, Martha Beatriz pidió permiso a su esposo para ponerse a trabajar.

El no quería que lo hiciera, pero nunca había dinero extra para comprarles a los niños ropa, o zapatos y menos para que Martha Beatriz tuviera un vestido Nuevo.

Todo lo que necesitaban de ropa tanto los niños como ella se los hacía su Madre, no sabía qué hacer para ayudarle con los gastos de la casa a su esposo.

Brandon su pequeño hijo tenía apenas dos meses de nacido cuando se creó en la ciudad el Hospital del Seguro Social y el Centro de Seguridad Social para el Bienestar Familiar.

Martha Beatriz leyó ésta noticia en el periódico y se dio cuenta de que estaban contratando personal para diferentes áreas en esos organismos.

Sin que su esposo se enterara acudió a pedir trabajo, les informó que ella era secretaria ejecutiva y que podía realizar cualquier trabajo administrativo, la pasaron para que se entrevistara con la licenciada Margarita García Flores quien venía de la capital a contratar el personal en ambas unidades.

De inmediato hizo amistad con ella y la invitó a comer a la casa de su Madre, la licenciada aceptó con gran alegría diciéndole que ya estaba cansada de comer en restaurantes y que una comida casera iba a ser un lujo.

Le prometió pasar a recogerla y ahí comenzó una respetuosa relación que culminó dándole trabajo a Martha Beatriz y al darse cuenta la licenciada de todas las habilidades que tenía su Madre en la costura, la invitó también a que participara como Maestra de Corte y Confección en el Centro de Seguridad Social.

El sueldo era extraordinario, además contaban con 5 meses de aguinaldo que eran repartidos en los meses de diciembre y enero, Martha Beatriz no cabía en sí de felicidad, pero ahora lo importante era convencer a su esposo para que le permitiera trabajar.

 

 

 

 

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La Licenciada García Flores le había comentado que contarían con guardería para dejar a sus hijos en las horas de trabajo, Martha Beatriz le daba pecho al bebé, así que se podría llevar a los dos niños e ir a la guardería cada 3 horas para darle de comer a su pequeñito hijo.

Lo interesante de contar por primera vez en la ciudad con un trabajo que tuviera instalaciones de una guardería ayudó a que Martha Beatriz obtuviera el permiso de su esposo para este empleo, inclusive le insistía que teniendo el dinero de su sueldo podría irse él a la capital ....en avanzada...., sin preocuparse de los gastos de los niños, de ella y de los pagos que tendrían que hacer mensualmente del automóvil nuevo que apenas habían adquirido.

Meses después se prepararon para que su esposo iniciara el viaje a la capital, Martha Beatriz se quedó sola pero vivía a unos pasos de la casa de su Madre y ésto la tenia tranquila y sin miedo de no contar con la presencia de su esposo.

Cuando comenzó a trabajar se dio cuenta de que instalarían en el Centro de Seguridad Social una cafetería para que los maestros y alumnos en sus horas de descanso pudieran tomar un lonche.

Rápidamente acudió con la directora y le dijo que ella pudiera ser candidato para tener la concesión de la cafetería, como no había nadie más para cubrir esta vacante, le dieron la concesión sin ningún problema.

Al irse su esposo se habían quedado sin el sueldo de él, estaba segura que lo que pudiera ganar extra en la cafetería sería de gran utilidad.

Contrató a Chabelita para que le ayudara en los quehaceres de la casa y con los niños, ya que ella se dio a la tarea de preparar bolsas de palomitas de maíz para vender en la cafetería, pastelitos de chabacano, sandwiches de ensalada de pollo y hot dogs, todo lo hacía ella para ahorrar dinero.

Desde tempranas horas en la mañana se levantaba para preparar y llenar dos cajas inmensas de cartón que se llevaba todos los días con lo que vendería en la cafetería.

 

 

 

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Antes de la entrada a su trabajo estaba ya presente para recibir a los que le surtían las coca colas, poner los refrescos en los refrigeradores y preparar una gran cafetera con café para los comensales.

Encontró a una jovencita que capacitó muy bien para que vendiera y atendiera a todo mundo mientras ella cumplía con sus actividades como Jefa de Trabajadoras Sociales de la Institución.

Todo lo tenía perfectamente organizado, cuando salían del trabajo Chabelita tomaba el camión en la esquina del Instituto para irse a su casa, ya que ella tenía también dos hijos que le cuidaba una comadre mientras ella trabajaba.

Aunque en la guardería había niñeras muy experimentadas ella siempre se llevaba a Chabelita para que estuviera al pendiente de sus hijos.

Su mayor tesoro.

Pensaba que habiendo tantos niños en la guardería posiblemente no atenderían como a ella le gustaba a sus hijos y permaneciendo Chabelita cerquita de ellos, estaría más tranquila.

Su horario de trabajo era de las dos de la tarde a las 9 de la noche, siempre estaba al pendiente de que su Madre, sus hijos y ella se regresaran juntos a casa.

Cuando su esposo estaba aún en la ciudad él los llevaba a todos después de que le daba de comer, y pasaba a recogerlos a la salida, pero después que se fue a la capital, una compañera de trabajo que era enfermera en los cursos de primeros auxilios y su esposo, se ofrecieron a llevarlos y traerlos ya que era el paso para su casa.

Cuan agradecida estaba por este favor recibido.

Ya habían pasado tres meses de que su esposo se fuera a buscar trabajo a la capital, le escribía cada semana y de vez en cuando le llamaba por teléfono pero las noticias nunca eran buenas, había visitado muchas empresas y dejado su curriculum, pero solo quedaban de resolverle y no lo contrataban.

 

 

 

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Esto preocupaba mucho a Martha Beatriz y era la oportunidad que ella esperaba para el futuro de sus hijos y de ellos mismos.

Una tarde llegó una mujer que ayudaba en la casa de su Madre corriendo, le informó que su esposo le llamó por teléfono y ella le había indicado que se encontraba en su trabajo.

Preguntó por los niños y le informó que ella se los llevaba todos los días, que regresarían después de las nueve de la noche que era la hora de su salida, pero a él le urgía hablar con su esposa y le pidió que la fuera a localizar diciéndole que en una hora más él volvería a llamarle.

Martha Beatriz llevó un susto tremendo, pidió permiso para salir del trabajo, llegó a la casa de su Madre y esperó la llamada de su esposo, pensaba que le hubiera pasado algún accidente por la premura del llamado.

Cuando sonó el teléfono y escuchó bien la voz de su esposo se tranquilizó, entonces él le dijo que le habían ofrecido un trabajo en la ciudad donde vivían, en una empresa que se llamaba Fertilizantes de México y que le parecía más o menos bien.

Que al principio el sueldo iba a ser como el que estaba percibiendo anteriormente, pero que al paso del tiempo se lo subirían.

Cuando Martha Beatriz oía a su esposo diciendo todo eso sentía que se moría de coraje y de impotencia, ella trabajando como enajenada para superarse y su esposo quería regresarse a la ciudad a vivir lo mismo de siempre.

Lo dejó que terminara de platicarle ese montón de absurdos y cuando él le preguntó qué le parecía, le contestó:

Me dices cuándo vas a llegar para irnos tus hijos y yo a la capital, a tu regreso ya no nos vas a encontrar.

Y sin pronunciar una palabra más le colgó el teléfono.

Sentía que todo a su alrededor le daba vueltas, había una tristeza y una desilusión infinita en su corazón que no lo podía explicar.

 

 

 

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Regresó a su trabajo para continuar con sus labores, ya lo que quería era que terminara ese día, no pensaba en otra cosa que no fueran las palabras que le había dicho su esposo

Pasaron cinco días y volvió a llamarle por teléfono diciéndole que ya había encontrado un muy buen trabajo en una compañía que se llamaba Squar D de México, que fuera empacando todo, que en el curso de 15 días iniciaría su trabajo y ya para entonces tendrían que estar en la capital todos.

Arregló lo más rápido que pudo lo relacionado con su trabajo, empacó lo que se iban a llevar y para cuando su esposo llegó ella ya tenía listo todo.

Lo que más le preocupaba era su Madre quien estaba muy triste por la partida de su hija y de sus nietos.

El había rentado un departamento en la capital, así que llegarían a él directamente, esperando que la mudanza en donde habían enviado sus muebles llegara junto con ellos.

No hubo problema y todo marchó perfectamente bien.

Martha Beatriz había comprado muchas cosas nuevas para su hogar en la capital, cuando llevó a la banda de guerra del Instituto a tocar a una ciudad en Estados Unidos que era frontera con México aprovechó para adquirir cobertores muy buenos que estaban en especial, sábanas, manteles, ropa para los niños, Etc.

Se le hacía que todo era un sueño.

Cuando iban en la carretera su esposo le dijo que él quería hacer una maestría en administración en el Politécnico de México, que ya se había inscrito y que eso le iba a ayudar mucho en su profesión, a Martha Beatriz le pareció muy bien.

Le recordó lo que habían comentado ya varias veces de que al estar en la capital sería muy conveniente que ella estudiara una carrera profesional, en la ciudad en donde vivían no existían preparatorias en aquel entonces y ella no la tenía.

El le contestó que cuando terminara su maestría, ella comenzaría a estudiar.

 

 

 

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Perfecto, le dijo con gran alegría, yo te ayudaré en todo lo que se necesite para que tu termines tus estudios.

Pasó el tiempo y llegó el día en que él recibió su título de la Maestría en Administración.

Cuando llegó a la casa con los papeles en la mano después de haber presentado su examen, se lanzó ella en sus brazos felicitándolo y lo primero que le dijo fue gracias a Dios mi amor, por fin voy a comenzar a estudiar.

Tomando los papeles que traía en la mano para ponerlos adentro de un portafolios le dijo con una tranquilidad que asustaba, "pues no se cómo piensas estudiar, yo no tengo dinero ni para que compres un lápiz".

Caminó hacia la recámara en donde se quitó el saco y dejó el portafolios sobre una silla, Martha Beatriz lo había seguido sin siquiera parpadear, no podía creer lo que había escuchado.

Cómo iba a ser posible que después de que ella lo había ayudado para que estuviera en la capital y después para que hiciera su Maestría, ahora él decía que no podría ayudarla.

Su más grande ilusión era estudiar, sabía que lo necesitaba porque continuaban sin tener dinero, él pagaba la renta y los servicios de la casa pero nunca sobraba un centavo ni siquiera para ir al cine una vez al mes.

Todo lo que había traído Martha Beatriz nuevo para su casa lo tuvo que vender y cuando se le terminaron esos artículos se ponía todas las tardes a hacer tortillas de harina y con la niña de la mano y el chiquito en los brazos salía a venderlas de casa en casa y ya tenía sus clientes asiduos.

No podía creer que su esposo no la quisiera ayudar.

Llorando como magdalena le dijo que si él faltaba a su palabra, con su ayuda y sin ella iba a estudiar.

Le reprochó, si ahorita no nos alcanza el dinero para nada, que sucedería si tu te enfermaras, qué ganaría yo trabajando solo de secretaria, o como trabajadora social que es lo único que sé hacer.

 

 

 

 

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Tengo que prepararme ahorita que nuestros hijos están chiquitos, al crecer ellos estoy segura que vas a seguir diciendo que no tienes dinero para sus estudios superiores.

El le contesto totalmente despreocupado, ya veremos cuando eso llegue.

Con la tristeza y desilusión reflejada en el rostro lo veía, las lágrimas le corrían por las mejillas sin poder contenerlas, parecía que todo lo que estaba sucediendo era una pesadilla, sentía que se había burlado de ella, o que era como una venganza,....pero de qué?

Si lo único que ella había hecho con todo su amor era haberlo ayudado siempre.

Toda la noche lloró, imposible que durmiera, amaneció y con los ojos enrojecidos al ver que su esposo ya se había levantado le dijo, por favor dime en dónde está y cómo llego al Instituto Mexicano del Seguro Social, de inmediato le preguntó y para qué quieres saberlo?

"Voy a ir a pedir una beca para estudiar, sé que lo puedo conseguir".

Riéndose de ella le dice, aquí no estás en tu pueblo, aquí nadie te conoce, cómo crees que podrás conseguirla?

Por favor insistió, respeto que no me quieras ayudar, yo no conozco la ciudad, solo salgo cuando tu nos llevas a los niños y a mi a dar la vuelta, no se cómo llegar al Seguro Social.

Es fácil, le dijo, solo sal, toma un taxi y le dices que te lleve al edificio del Seguro Social y agregó:

"No tengo dinero para que pagues el taxi, cómo le vas a hacer para ir"?

"No te preocupes, le responde…. yo tengo dinero de las tortillas de harina que vendo" .

Sin agregar palabra lo dejó sentado en la mesa en donde le estaba dando de desayunar y se fue a bañar, se prepararía para su gran aventura.

 

 

 

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Hizo exactamente lo que le había indicado, tenía un poco de miedo porque era la primera vez que ella tomaba sola un taxi en la capital.

Cuando se ha vivido siempre en un pueblo chico se escuchan muchas cosas por las que se debe uno cuidar en la capital.

Salió del taxi y al encontrarse al pié de las escalinatas del Seguro, vio hacia arriba pidiéndole ayuda a Dios y sorprendida de lo grande que era el edificio, sin ningún titubeo entró y lo primero que vio fue un lugar que era como medio círculo de madera en donde decía "Información".

Como si fuera lo más fácil del mundo les preguntó a dos señoras que estaban atendiendo a las personas, ya eran mayores y tenían canas.

Quiero hablar con el Director del Instituto.

Ellas se vieron entre sí y sonriendo le dijeron, su oficina esta en el tercer piso.

Subió las escaleras hasta llegar al tercer piso y preguntando aquí y allá, dio con las oficinas en donde se encontraba el Señor Director.

Desconociendo totalmente el protocolo que se requería para ver a esta distinguida persona, se acercó a un escritorio en donde estaba una señorita y le dijo que deseaba hablar con el Director.

La señorita atentamente le preguntó si tenía una audiencia para verlo.

Pero no sabía qué quería decir audiencia.

Ella nunca antes había solicitado audiencia para hablar con nadie, ni siquiera con el presidente municipal de su pueblo.

Solo respondió "no, no tengo audiencia".

La secretaria cortésmente le indica que necesita una audiencia para verlo, "no señorita, le indicó, ésto es urgente y de mucha importancia para mí, necesito hablar con el Director hoy mismo".

 

 

 

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Imposibilitada para convencerla la señorita, ya que le había explicado varias veces lo que necesitaba hacer, no tuvo más remedio que llamarle a un asistente del Señor Director, pero continuaba diciendo lo mismo:

Que le urgía hablar con él y que era muy importante para ella hacerlo.

Finalmente le llamaron a un joven que era algo así como ayudante del secretario particular del Director.

Un muchacho muy calmado y con una gran inteligencia para tratar a las personas, le dijo que lamentaba decirle pero que el Señor Director andaba en una gira de trabajo y no se encontraba en las oficinas.

Martha Beatriz le dijo que si todos sabían ésto, "por qué no se lo habían dicho antes?, que ya ella había perdido mucho tiempo y que su asunto lo tenia que dejar arreglado ese mismo día".

El joven con mucha cortesía le preguntó de qué se trataba y sin vacilar un minuto le contestó que era un asunto personal que solamente podría tratar con él, pero viendo que no se encontraba en las oficinas tendría forzosamente que haber dejado a alguna otra persona encargada para resolver todos los problemas que se presentaran.

El joven funcionario agrega:

Claro, así es, puede usted acudir al cuarto piso e ir con el Director General Administrativo el Licenciado Alfonso Pulido Islas, tal vez él la pueda atender.

Dándole las gracias y extendiéndole la mano para despedirse le dice, no se imagina lo que agradezco sus atenciones.

“ Esté usted seguro de que lo veré ”.

Subió al cuarto piso e investigó cuáles eran las oficinas del Lic. Pulido Islas.

Entró y se encontró una sala de espera con no menos de treinta personas y una señorita al final sentada en un escritorio con muchos papeles frente a ella.

 

 

 

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Llegó y le dice que le urge hablar con el Lic. Alfonso Pulido Islas, que ya había estado en la Dirección General del Instituto en donde le informaron que el Señor Director andaba en gira de trabajo y la enviaron con el Lic. Pulido Islas para que le resolviera su problema.

Nuevamente y por segunda ocasión en su vida vuelve a escuchar.

Tiene usted ya una audiencia con el licenciado?

No señorita pero me urge verlo hoy mismo, veo que hay muchas personas esperando pero no importa, yo puedo esperar también hasta la noche si es necesario.

Discúlpeme insiste la señorita pero el licenciado no la podrá recibir hoy.

Por supuesto que si, agrega Martha Beatriz y le dice con mucha seguridad en si misma.

Yo tengo derecho de que el licenciado me reciba, yo soy hija del Seguro Social, trabajé en mi ciudad desde que el Instituto llegó ahí, así que le suplico que le diga al Lic. Pulido Islas que me urge hablar con él.

A cada palabra que la señorita le decía, Martha Beatriz defendía la urgencia de ser atendida por el licenciado.

Sin más ni más se levanta la señorita del escritorio un poco molesta porque se da cuenta que no hay poder humano que la pueda hacer desistir de ver al licenciado; abre una puerta, la vuelve a cerrar como para que nadie viera qué había adentro y regresa después con una señora un poco madura, muy bien vestida con una falda azul un saco igual y una blusa de seda muy fina.

Esta elegante dama la invita a pasar y entonces se encuentra adentro de un gran espacio con muchísimos escritorios, muy iluminado, con personas tanto hombres como mujeres que estaban atendiendo algunos de ellos posiblemente a las personas que estaban en la recepción, otros más solo escribían a máquina, hablaban por teléfono o revisaban papeles y documentos que tenían en sus manos.

 

 

 

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Al llegar al escritorio de esta señora le dice que se siente y que le informe qué es lo que necesita.

Martha Beatriz respirando profundamente le dice que necesita ver al Lic. Alfonso Pulido Islas, le vuelve a contar que anteriormente ya estuvo en la Dirección General del Instituto y que le dijeron que él atendería lo que ella necesitaba.

Con voz muy suave le dice que la va a pasar con otra persona que la podrá atender, pero que es imposible que el Lic. Pulido Islas la reciba.

Eso no lo podía aceptar Martha Beatriz y en su más grande ignorancia le dice, mire señora si yo necesito ver al Presidente de la República él tiene la obligación de recibirme y de escucharme porque yo soy una ciudadana con derechos y él es un funcionario público y para eso están, para oírnos y ayudarnos.

"Aún más, en el Seguro Social, en donde yo he trabajado por años allá, en donde vivía, siempre fuimos recibidos, atendidos y escuchados, así que explíqueme por qué no me va a recibir el licenciado?".

Después de más de cuarenta minutos diciendo lo mismo y viéndose perdida la elegante señora y ya casi sin un ápice de calma se levanta y va y habla con un joven que su escritorio está cerca de una puerta, éste se levanta y entra, salió y con un ademán le dijo a la señora que pasara a la oficina.

Tardó como veinte minutos en salir acompañada de un joven como de unos 35 años, impecablemente vestido, él venía con una libreta en la mano y al llegar en donde se encontraba sentada Martha Beatriz le dijo:

"Ya hablé con el Lic. Pulido Islas, imposible que la atienda hoy, pero me indicó que mañana la recibirá a las 11 de la mañana".

"Aquí estaré a esa hora y por favor agradezca de mi parte al licenciado por recibirme".

Martha Beatriz salió malhumorada por no haber sido recibida ese día, ya eran casi las seis de la tarde, todo el día se la pasó discutiendo con empleados que querían saber qué asunto la llevaba y a todos absolutamente les había dicho lo mismo.

 

 

 

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Es un asunto personal que solamente el licenciado podrá ayudarme, nadie pudo sacarle otra palabra.

Hacía como un mes había llegado a su casa tocando la puerta una mujer como de 28 años con un niño en los brazos que según le dijo tenía diez meses el bebé, todo sucio tanto él como su madre, se veía que no se habían bañado en muchos días.

El niño con catarro escurriéndole la nariz.

Traía ella colgado en el hombro un bulto con ropa y le dijo que si no tenía trabajo que le diera, le contesta, lo que no tengo es dinero para pagarte, insiste solo quiero que me de un lugar en donde dormir y comida para mi y para el niño.

Le dice que tiene un cuarto en la azotea que le pertenece y que podrían dormir ahí, que no tiene cama pero que le puede dar unos jorongos y rápidamente le contesta entusiasmada la mujer, mire yo puedo dejar al niño arriba en lo que bajo a hacerle la limpieza, la comida o lo que a usted se le ofrezca.

Claro que no, le dice Martha Beatriz, tu niño tendrá que estar en donde tu estés.

Yo tengo dos niños también, pero si me ayudas yo iré pagándote algo poco a poco, hago tortillas de harina para vender y mis dos hermanos viven con nosotros, yo lavo la ropa de todos, hago la limpieza de la casa, la comida y todo lo que se necesita, así que con tu ayuda todo será más fácil para mí.

Ahorita lo mejor es que se bañen muy bien tu y tu niño y coman algo.

La poca ropa que la mujer traía en el bulto estaba sucia, rápidamente Martha Beatriz solucionó eso, le dio ropita que a Brandon ya no le quedaba y un vestido que ella ya no usaba por estar muy desgastado.

Cuando salieron del baño le pregunta si al niño ya le había puesto las vacunas que debería de tener a esa edad, no señora le contesta, yo no sabía que necesitara vacunas.

Sin perder mucho tiempo llamó a la clínica del pediatra de sus hijos e hizo una cita para el día siguiente.

 

 

 

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Asistieron con el Dr. Franco que desde que llegaron a la capital había tratado a sus hijos y le explicó que el niño era hijo de Anita que ella iba a estar ayudándola en su casa, pero como no tenía ninguna vacuna le daba miedo que fuera a enfermarse y a contagiar de alguna enfermedad a sus hijos, le pidió que si lo podía vacunar y el doctor de inmediato dio la orden para hacerlo y en un par de semanas ya Angel, el hijo de Anita tenía todas sus dósis al corriente.

Le dieron una libreta en donde estaban anotadas y también la fecha en que se deberían de aplicar las siguientes, era igual a la libreta que ella tenía de sus hijos.

Anita trabajaba feliz y tranquila ayudándola en todo, y cuidaba a los tres niños con mucha responsabilidad y amor, sobre todo porque ahí tenía a su hijo.

Cada vez que Martha Beatriz tenía que salir le repetía a Anita siempre la misma cosa, los niños eran antes que nada y otra cosa muy importante sus alimentos para que puedan crecer sanos y fuertes, ya que ahí, sin ninguna distinción se trataban a los tres niños igual, si había que comprarle zapatos a uno, se les compraba a los tres, si había un solo dulce se repartía en tres pedazos.

Cuando Martha Beatriz llegó a la casa eran casi las ocho de la noche, en la capital todo es diferente, obscurece muy temprano y para tomar un taxi es muy tardado, sobre todo en las horas de las salidas del trabajo.

Su esposo aún no había llegado, Anita ya tenía preparada la cena y tenía sentados en la mesa a los niños dándoles sus alimentos.

Esa tarde no se vendieron tortillas de harina.

Cuando su esposo llegó, lo primero que le preguntó con una risa burlona y una voz sarcástica fue si había conseguido su beca para estudiar, ella solo le contestó, aún no.

Le dio de cenar tratando de no hablar mucho, acostó a los niños y se dispuso a dormir.

Estaba feliz pensando solo que pasaran las horas para ver al siguiente día al licenciado Pulido Islas.

 

 

 

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Se levantó muy temprano para prepararse y asistir a su cita.

Para las diez de la mañana ya había llegado a las oficinas, le informó a la señorita que tenía audiencia para ver al licenciado Pulido Islas a las once.

Esperó con ansiedad sin moverse de su asiento, tenía un poco de temor que volvieran a decirle que el licenciado no la iba a recibir pero pasadas las dos de la tarde llegó el joven que había hablado un día antes con ella a decirle que lo acompañara para entrevistarse con el licenciado Pulido Islas.

Entraron a un elevador privado según le dijo el joven, salieron de él entrando a una especie de sala de espera, abrió una puerta el joven y le dijo que pasara, que el licenciado ya la estaba esperando.

Entró sola, era un lugar imponente, bastante grande con una impecable y esponjada alfombra verde obscuro, a su izquierda había una enorme mesa de juntas con muchas sillas y del lado derecho un gran librero y unos muebles de piel negra.

Ella seguía caminando, al fondo había un magnífico escritorio de madera café y sentado en un amplio sillón un señor blanco, como de unos sesenta años, con el pelo cano, camisa blanca impecable y corbata color vino, no traía saco, se veía colgado en un elegante perchero, aún venía Martha Beatriz caminando para llegar a él cuando le dijo con voz fuerte manoteando el aire:

“ Cómo le diste lata ayer a mis empleados Güera ”, vamos a ver, qué quieres?.

Ella se acercó, extendió la mano para saludarlo y se sentó frente a él, le dijo, discúlpeme licenciado pero solo usted podrá ayudarme, nadie más.

Qué quieres, le preguntó muy secamente.

Estudiar licenciado.

Eso es lo que quiero, estudiar.

Y sin esperar más agregó, mi esposo y yo somos pobres, aunque es ingeniero dice que él no tiene dinero para que yo pueda estudiar.

 

 

 

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Tenemos dos niños de dos y tres años y medio de edad, tengo que estudiar una carrera profesional licenciado, ahorita que mis niños están chiquitos, porque nunca nos sobra un solo centavo para nada extra.

Yo trabajé en el Seguro Social desde que llegó a la ciudad en donde nosotros vivíamos.

De soltera trabajé en las oficinas administrativas, íbamos hasta las rancherías a afiliar a los trabajadores y cuando me casé trabajé en el Centro de Seguridad Social para el Bienestar Familiar, fui Jefa de Trabajadoras Sociales hasta que nos venimos a radicar a la capital.

Aquí yo no conozco a nadie, pero me considero hija del Seguro Social y por eso vengo aquí para pedirle que me hagan favor de darme una beca para poder estudiar.

Por favor ayúdeme licenciado, yo se que usted lo puede hacer.

Y quién te dijo que el Seguro Social da becas? aquí no le damos becas a nadie.

Pero vamos a hacer una cosa, como sé que lo que te propones lo consigues yo necesito gente como tu que trabaje para mí, te voy a pagar cinco mil pesos mensuales.

Cuando escuchó Martha Beatriz eso, no lo podía creer.

Ni su marido ganaba eso.

Y como si conociera al licenciado de siempre le contesta, no me diga eso por favor licenciado porque es una tentación que nadie podría dejar escapar, “ pero yo sí ”.

Mire licenciado, déme por favor ahorita una beca para que yo estudie, y cuando termine mi carrera le prometo que lo primero que haré es venir a decirle que ya terminé y puedo trabajar para usted el resto de mi vida si quiere.

Se lo juro licenciado, pero por favor ahorita ayúdeme a estudiar.

 

 

 

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Qué es lo que quieres estudiar le pregunta, pues verá licenciado en donde vivíamos no hay preparatorias, así que comenzaré estudiando desde la preparatoria, pero quiero manejar negocios, eso es lo que quiero estudiar.

El Lic. Pulido Islas era presidente del Colegio de Economistas del D. F.

Y le dice, también podrías estudiar Economía.

Pero le indica: a mí me gusta todo lo que se refiere a las Empresas.

Así que no tienes ni preparatoria?

No licenciado, pero estudié durante tres años la carrera de secretaria ejecutiva en mi pueblo, tengo mucha experiencia en eso y no se necesitaba la preparatoria.

Ve por qué le digo que necesito estudiar licenciado, al rato mis hijos crecerán y quiero que ellos también sean profesionistas universitarios, si yo no me preparo ahorita, cómo los podré ayudar para que salgan adelante en la vida.

Ayúdeme licenciado, yo no tengo Padre, acudo a usted como si lo fuera, estoy segura que usted me puede ayudar.

Mira, mira, mira, ya me enredaste a mi también, si bien me dijeron mis empleados que ya no te aguantaban, déjame ver qué puedo hacer, ten mi tarjeta personal,....a su lado izquierdo tenía una credenza como con 6 teléfonos, anotó un numero atrás y le dijo:

"éste es mi teléfono privado, aquí solo me llama Estercita mi esposa, llámame mañana a la una de la tarde.

Ahora vete, tengo mucho trabajo".

Tomando la tarjeta le dijo que no tendría nunca con qué pagarle lo que iba a hacer por ella.

Al día siguiente estaba frente al teléfono publico de la esquina de su casa con mucha anticipación, a la una en punto le llamó y le dijo el licenciado que al día siguiente fuera a su oficina a las once de la mañana, que parecía que ya tenía algo que la iba a ayudar.

 

 

 

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Acudió a la hora que le había indicado el licenciado pero ya no lo vio a él, solo salió su secretario privado y la llevó a la oficina del Contralor General del Seguro Social y le dijo que ya había hablado el Lic. Pulido Islas con él.

Cuando llegaron a su oficina le informó a la secretaria que el Contralor los estaba esperando.

Entraron y Martha Beatriz se sentó en un escritorio a donde la dejó el joven y él se siguió hasta una mesa de juntas que se encontraba al fondo, en donde el Contralor estaba con más de diez personas.

Habló con él y regresó para despedirse de Martha Beatriz, yéndose en seguida.

No tenía más de cinco minutos de estar esperando cuando llegó el Contralor y le preguntó en qué le podía servir, lo primero que le contesto Martha Beatriz fue:

Qué, no le dijo el Lic. Pulido Islas de qué se trata mi asunto?

No, le contestó, Martha Beatriz triste porque no se esperaba que el licenciado no le hubiera dicho nada al Contralor le dijo.

"Yo quiero estudiar y fui a ver al Lic. Pulido Islas para que me ayudara a conseguir una beca porque no tengo dinero para pagar mis estudios".

Quiero estudiar negocios, pero necesito comenzar desde la preparatoria porque en mi pueblo no había y nunca la hice.

Entonces le dice el Contralor, tu lo que necesitas es hacer la Vocacional de Ciencias Sociales.

Dime cómo te llamas?

Martha Beatriz le dio su nombre y el estaba sin verla escribiendo en una hoja, la dobló, se la dio y le dijo:

Que mi secretaria te dé la dirección.

 

 

 

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Y rápidamente se despidió de ella.

La secretaria escribió en un sobre "Instituto Superior de Estudios Comerciales", y la dirección, puso la hoja que el Contralor le había dado a Martha Beatriz adentro y le dijo que la iba a estar esperando el Sr. Mora, que cuando llegara preguntara por él.

Martha Beatriz le pregunta a la secretaria, ahora mismo puedo ir a verlo?

Claro le contesta, yo hablaré por teléfono con él ahorita.

Martha Beatriz llena de emoción sin saber qué le iba a esperar al ver al Sr. Mora, salió de las oficinas y pensó, "no sé cómo voy a llegar allá, porque solo tengo para un taxi que pagaré al regresar a mi casa.

Preguntó a un señor que estaba vendiendo tacos en la esquina del Seguro Social y le dijo que iba a la calle de Hamburgo que cómo podía llegar allá y el amable señor con mucha calma le explicó que tenía que caminar hasta llegar a Insurgentes, que ahí volteara a su derecha y caminara hasta llegar a Hamburgo.

Estaba bastante lejos y tendría que ir caminando, el dinero que traía era solo para su taxi, ni siquiera le sobraba para un camión, pero con mucho ánimo pensaba estos pasos que estoy dando, “ son los que me van a llevar para conseguir mi beca ”.

A cada momento preguntaba a una y otra gente si iba bien para la calle de Hamburgo.

Finalmente llegó pero no sabía si tomar para la derecha o para la izquierda, le preguntó a un muchacho que vendía periódicos y le dijo, esta escuela queda a la izquierda como a dos o tres cuadras.

Cuando estaba ante la escuela que tenía al frente rejas pintadas de verde un poco decoloradas por el sol, vio que estaba abierta la puerta, entró y preguntó a un joven que barría unas escaleras en dónde estaban las oficinas y que ella iba a ver al Sr. Mora.

El joven le señala con la mano sosteniendo la escoba, aquí arriba, suba las escaleras y al final está la oficina del Sr. Mora.

 

 

 

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Preguntó por él y la recibió de inmediato, le dio unos papeles para que llenara con datos personales y al entregárselos le dijo que el día 15 de enero comenzaban los cursos que eran de las 7 a las 12.20 del día.

Con la ingenuidad que la caracterizaba le preguntó, pero mi beca para que yo pueda estudiar señor Mora?

Y le respondió ya la tiene, solo preséntese el 15 de enero a sus clases.

Perdóneme que lo moleste señor Mora, es solo para estar segura de todo lo que ahorita ignoro y vuelve a indicarle:

“El Contralor del Seguro Social me dijo que lo que yo debía de estudiar era la Vocacional de Ciencias Sociales” y el señor Mora le contesta, eso es lo que va a estudiar señorita, aquí tenemos la vocacional que usted va a estudiar.

Agradeció atentamente al señor Mora, se despidió de él, pasó a recoger un sobre que la secretaria le iba a entregar y se marchó.

Iba pisando sobre nubes, todo le parecía bello y color de rosa, se sentía dueña del mundo, por fin iba a comenzar a estudiar.

Caminó con los ojos llenos de lágrimas y miró al cielo dando gracias a Dios.

Por la emoción que tenía hasta que llegó a Insurgentes, se percató que no había abierto el sobre que le entregó la secretaria, estaba una hoja membretada por el Instituto en donde decía que se le estaba otorgando una beca para cursar la Vocacional de Ciencias Sociales.

Tomó un taxi para llegar a su casa, siempre les daba la dirección con mucha seguridad para que no le vieran la cara de provinciana y quisieran timarla o cobrarle de más.

Aún su esposo no había llegado.

En el edificio que vivían, abajo estaba un estacionamiento que a eso de las seis de la tarde ya no tenía muchos automóviles y ella bajaba con los niños para que jugaran, siempre decía que los departamentos parecían una cárcel, eran tan reducidos y lo que más le dolía era lo encerrados que los niños tenían que estar durante todo el día, salvo cuando salían a vender las tortillas.

 

 

 

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Cuando su esposo llegó estaban aún abajo, estacionó el automóvil y con gran alegría se acercó a besar a los niños, tomó en los brazos a Brandon y todos se subieron a su departamento.

Preparó todo para darles de cenar, Anita estaba planchando una ropa con Angel cerquita de ella, su esposo no le había preguntado nunca más qué había pasado con la beca que quería que le dieran en el Seguro Social, pero esa noche ya para acostarse le dijo:

"Ya se te quitó la idea de la beca?"

Y con una sonrisa que no podía esconder le contestó, estoy feliz, mira, lee esto y le dio el sobre que le habían entregado en el Instituto.

"Y a qué horas va a ser esto?

Entonces le dijo de las 7 a las 12.20 del día, así que es muy poquito tiempo el que no voy a estar con los niños, ya que ellos se despiertan tarde, me siento muy contenta porque todo está como yo lo necesito y no te preocupes por los pasajes de los camiones, con lo que gano vendiendo las tortillas tendré para ir y regresar en los camiones de segunda.

En ese orden comenzó sus estudios.

A las cinco cuarenta y cinco de la mañana ya estaba en la esquina de su casa esperando el camión que la llevaría hasta las calles de insurgentes y hamburgo, ahí se bajaba y caminaba hasta llegar a su escuela.

Nunca faltaba a clases.

Fueron dos años los que hizo de Vocacional, Martha Beatriz buscaba siempre lo que le podría ayudar para salir adelante.

Hizo muy buena amistad con sus compañeros, todos eran muy jóvenes, ella ya tenía 24 años.

Como no podía comprar los libros que les pedían, siempre tomaba en taquigrafía todo lo que decía el maestro y en su casa lo mecanografiaba poniéndole muchas copias con papel carbón.

 

 

 

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Fueron nueve cátedras las que le dieron en cada año.

Ella se daba cuenta que había muchos compañeros que no asistían diariamente a clases.

Tal vez al final de cada mes podría venderles todos los apuntes de cada una de las clases a los que faltaban seguido.

Hizo sus cuentas y pensó en venderles el concentrado de todo el mes por cada clase en quince pesos y al final del primer mes se los ofreció.

Muchos de ellos se quejaron y dijeron que estaban muy caros.

Ella de inmediato se defendió diciendo que tenía que comprar hojas de máquina, cintas también para la máquina, porque después de hacer muchos escritos ya no pintaban bien, lápices, cuadernos de taquigrafía, Etc.

Como muchos trabajaban le ofrecieron lo que ella necesitaba, posiblemente hasta lo tomaban de las oficinas en donde prestaban sus servicios, para Martha Beatriz esta ayuda fue grandiosa, pero el precio por los apuntes del mes no lo bajó.

Unos compañeros hacían burla algunas veces cuando al final del mes se juntaban para estudiar y presentar lo mejor posible el examen que mensualmente les hacía cada maestro y decían:

Aquí dice cajúm, cajúm, cajúm,....ah es que el maestro toció y lo apuntó Martha Beatriz, siempre las reuniones eran en su casa ya que ella no podía salir a otro lado porque tenía que estar con los niños.

Tanto sus compañeros como sus maestros siempre se portaron muy bien con ella, sabían todo lo que tenía que hacer para poder asistir a clases.

Un día iban a presentar un examen semestral y Anita había ido a su pueblo a ver a su familia, entonces Martha Beatriz no tuvo más remedio que llevarse a los dos niños a la escuela, esperó a que saliera alguno de sus compañeros que ya habían terminado el examen y le pidió que le cuidara a sus hijos mientras ella entraba a presentar su examen, le dijo no te preocupes no me tardo nada, casi todo lo se de memoria de tantos apuntes que hago para vender.

 

 

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En los exámenes semestrales era cuando más bien le iba en las ventas a Martha Beatriz, ya que todos sus compañeros querían ser aprobados.

Un día la maestra de álgebra le dice:

En todos mis años como maestra nunca me había tocado tener un alumno que viniera con tanta alegría y felicidad a presentar sus exámenes finales como tu y Martha Beatriz le contesta, mire maestra es que yo voy contra el tiempo, como usted podrá darse cuenta todos mis compañeros son muchachos jóvenes, ellos apenas están comenzando y yo ya debería de estar terminando, además tengo ya dos hijos, es por ellos que lo hago maestra, tengo que estar bien preparada para cuando mis hijos crezcan y tengan ellos que estudiar como yo lo estoy haciendo ahorita.

En esos dos años de vocacional le sucedió un problema que es digno de contarse.

Un día le mandaron hablar de la dirección y se volvió a encontrar frente al señor Mora.

La recibió muy serio y con el seño fruncido, ella pensó que algo grave estaba pasando, lo saludó con mucha atención y le dijo en que le podía servir, contestándole de inmediato el señor Mora que el comité de la vocacional había decidido cancelarle la beca, de inmediato.

Martha Beatriz le dice que a que se debe ésta decisión si ella ha cumplido perfectamente bien con el promedio que le habían exigido en sus calificaciones, sus asistencias, Etc., y en tono casi burlón le responde; nos hemos dado cuenta que usted constantemente se cambia el color de su pelo y eso cuesta mucho, dice que no tiene dinero para su colegiatura, pero vemos que cuenta con lo suficiente para hacerse esos arreglos en su cabello cuando menos una vez al mes.

 

 

 

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Martha Beatríz respira profundo y saca de su bolsa una tarjeta entregándosela al señor Mora y le dice, aquí está el nombre de la dueña del salón de belleza y su dirección, puede ir a hablar con ella para constatar lo que le voy a decir.

Ahí me pagan cada vez que usted ve que tengo color diferente en mi pelo por dejarme que me lo decoloren y lo pinten, la señora es representante de una línea de tintes y cada vez que eso sucede se hacen exhibiciones para que el personal y vendedores de ésa compañía vean en forma real el resultado del color, discúlpeme señor Mora que no le diga cuanto me pagan porque me encantaría que ustedes mismos lo investigaran para que vea que esa cantidad solo me ayuda un poco con los gastos de mis hijos y de mi casa, jamás sería suficiente para pagar mi colegiatura.

El señor Mora le dice que pasará éste mensaje al comité y que si necesita la volverían a llamar. Martha Beatriz dio gracias a Dios porque nunca más se le volvió a molestar.

Ya venía el fin de sus estudios vocacionales y pensó que sería conveniente ir a la dirección del plantel para investigar su inscripción para sus estudios profesionales, pero al hacerlo se le volvió a venir el cielo encima al darse cuenta que ahí no había la carrera de la licenciatura en administración de empresas que ella deseaba hacer.

Su estado de ánimo estaba totalmente mal, quién más la ayudaría para continuar sus estudios.

Un día terminando la cátedra de Derecho Mercantil el profesor al final de la clase le dice, te he notado un poco distraída y preocupada, no eres la misma de siempre, que es lo que te pasa muchacha, tienes algún problema familiar o que es lo que te sucede.

 

 

 
 
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El maestro era un señor de edad avanzada, ya sus pasos eran lentos pero todo mundo lo respetaba muchísimo, desde el personal de la dirección del plantel, hasta los demás maestros y alumnos.

 
Martha Beatriz le contesta de inmediato, no maestro afortunadamente todos estamos bien en la casa, pero no se que hacer, he investigado si aquí puedo continuar con mi beca para mis estudios profesionales y la carrera que yo quiero hacer no existe, me dijeron que podía inscribirme para estudiar como contador público, pero yo quiero estudiar la licenciatura en administración de empresas, yo quiero estudiar eso, no algo que se me imponga y sin más ni más rodaron las lágrimas por sus mejillas copiosamente, sollozaba y solo alcanzaba a decir, no se que voy a hacer, a quién más le voy a pedir ayuda.

 
El maestro sacó un pañuelo impecablemente blanco de la bolsa de su saco y le dijo, vamos, vamos, a secar esas lágrimas, mañana es viernes quiero que estés en la puerta a las dos de la tarde, déjame hablar con alguien que creo que nos va a ayudar para que tu continúes con tus estudios superiores, a esa hora yo paso y te recojo para ir a hablar con ésta persona.

 
Martha Beatria llegó a la puerta de la vocacional con anticipación, se le hacía que el maestro no iba a venir por ella, imploraba a Dios que no la dejara sola en esta situación tan desesperada, con las manos casi rojas de tanto frotar una con la otra vio que el maestro llegó, ella no conocía el automóvil que el maestro conducía pero desde adentro y sin bajarse le hizo señas para que ella se subiera.

 

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Corrió Martha Beatríz al auto saludó con mucho agradecimiento y cortesía al maestro y le pregunto si había conseguido a la persona que la iba a ayudar en sus estudios, el maestro sin ninguna prisa le contesta, eso es lo que ahorita vamos a averiguar.

El manejaba despacio y con muchísimo cuidado, no estaba muy lejos a donde irían, Martha Beatriz pensaba que posiblemente la llevaría a la UNAM, pero no fue así, tomó por la avenida chapultepec y se estacionó frente a unos montones de tierra que estaban casi hasta la banqueta, todo eso era parte de la obra del metro que en esos años estaba apenas en construcción.

Caminaron por un largo espacio lleno de piedras y tierra y entraron a un edificio que tenía un letrero arriba y éste decía.

Universidad Tecnológica de México, y con letras más grandes UNITEC.

Cuando abrió el maestro la puerta y entraron, ella vio casi todo vacío pero más adelante al lado izquierdo había un escritorio y una señorita cerca de un archivero, el maestro se presentó con ella y le indicó que tenía una cita con el Lic. Guerra Pellegued, que si tenía la bondad de anunciarlo.

La señorita no salió sola de la oficina a donde había entrado, junto a ella venía el Lic. Guerra Pellegued quién saludó con un efusivo abrazo al maestro, diciéndole; maestro, es un gusto enorme saludarlo y un honor estar con usted, digame en que le puedo servir.

El maestro en ese tono lento y bajito le dice, Nacho, vengo a molestarte para que ayudes a esta muchacha a que siga estudiando, ella es mi alumna en la vocacional de ciencias sociales en donde yo doy clases, supe que te dieron la direccón de ésta nueva Universidad y creo que aquí tienes tu la licenciatura de administración de empresas que ella desea estudiar.

 

 

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Ella hizo su vocational becada porque no cuenta con recursos económicos para pagar su colegiatura, así que mi favor es pedirte una beca para que ella continúe sus studios profesionales.

Sin siquiera pensarlo un segundo el Lic. Guerra Pellegued le contesta, cuente con ello maestro, lo que usted necesite son órdenes para mi.

Gracias Nacho le contesta el Maestro, quién con una sonrisa voltea hacia donde esta sentada Martha Beatriz y le dice.

Es que Nacho como tu, también fue mi alumno.

A Martha Beatriz le dieron en ese momento unos formatos para que llenara y que le fuera otorgada de inmediato su beca para que continuara sus estudios profesionales, a ella le parecía casi imposible que esto le estuviera sucediendo.

Se dispuso a llenar todos los documentos y en ellos venían unos incisos referentes a los estudios que ella había cursado.

En su pueblo natal había realizado la carrera de secretaria taquígrafa mecanógrafa y contador privado misma que terminó con mucho éxito, ya que de todos los exámenes que le hicieron sacó calificación sobresaliente, solamente en uno a pesar de estar perfecto le bajaron cinco puntos por contestarle una pregunta a una compañera que le pedía auxilio por no saber una contestación y al observar esto los representantes estatales que vigilaban a los estudiantes la sancionaron en su calificación final.

 

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Al leer todo le dijo el Lic. Guerra Pellegued que si ella podría ayudar en la UNITEC dando clases en la carrera de Secretarias Ejecutivas que tenían, ya que carecían por el momento de todos los maestros que impartirían los cursos en las diferentes carreras con que contaba la Universidad, contestando Martha Beatriz que con inmenso gusto lo haría, pero no dejó de preguntarle al licenciado si esto no interferiría con las materias que ella tenía que cursar. 

No, de ninguna manera le indicó, son horarios diferentes.

Al comenzar el primer año de profesional estaban inscritos 72 alumnos, pero desgraciadamente al pasar los meses iban desertando.

Martha Beatriz no faltaba a sus clases lloviera o granizara, al terminar el segundo año recibió un escrito de la dirección de la UNITEC en donde se le daban las gracias por los dos años que ella había colaborado con ellos y le informaban que ya contaban  en su totalidad con el personal docente.

Esto motivó mucho a Martha Beatriz para buscar un trabajo que le ayudara a practicar lo que estaba estudiando, además su matrimonio no estaba nada bien y ya estaba iniciado el proceso de su divorcio.

Una tarde estaban descansando un rato esperando al siguiente maestro que aún no había llegado cuando se acerco a ella un hombre muy refinado y bien vestido y le dijo que la secretaria de la Universidad le había informado que ella andaba buscando trabajo, Martha Beatriz le dijo que efectivamente así era, él le dió una tarjeta de presentación y le pidió si podría asistir al siguiente día a las once de la mañana a su oficina, que ellos estaban necesitando una asistente administrativa y contable y que esperaba que a ella le interesara ésta posición.

Puntualmente llegó Martha Beatriz pidiendo hablar con el Ingeniero Manuel Rodríguez que era el Gerente General de dicha compañía.

Salió el Ing. Rodriguez a recibirla y la pasó para hablar con ella.

Se le explicaron sus funciones y obligaciones, horarios de trabajo, sueldo, Etc.


 

 

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El Ing. Rodríguez le dijo que él también estaba estudiando en la UNITEC, él ya tenía las carreras de Ingeniería en Sistemas y además era Contador Público, pero quería hacer la licenciatura en Administración de Empresas, era su primer año de estudio y ya Martha Beatriz cursaba el tercero pensando ella que podría desempeñar perfectamente bien la posición que se le estaba ofreciendo.

Dentro de sus obligaciones lo único que no le gustó mucho fue que tenía que tener limpias las oficinas para la hora de entrada y listo el café para sus jefes, pero la localización de su trabajo le era muy conveniente ya que se encontraba frente al colegio de sus hijos y ella los dejaría en la mañana, los recogería a la salida para llevarlos a su casa podría comer y regresar a su trabajo, además el Ing. Rodríguez le había ofrecido llevarla a la Universidad en la tarde ya que el tendría que asistir también.

Otra cosa que le ofrecieron fue que durante sus exámenes trimestrales, semestrales y finales ella podía estar todo el día en el salón de archivo para estudiar y prepararse bien para presentarlos.

El personal del Despacho de Ingenieros en Sistemas así se llamaba la pequeña empresa en donde ella laboraría se componía de 5 personas incluída ella.

Era un despacho familiar todos eran contadores públicos el Ing. Rodríguez, su esposa, una hermana del Ingeniero y su esposo, en su mayoría daban asesorías administrativas y contables a diferentes empresas, además también organizaban administrativamente los departamentos que se necesitaban si así se los requerían.

A Martha Beatriz se le llevaba a las 9 de la mañana a las Empresas que estaban organizando y ella hacía las investigaciones pertinentes, elaboraba los manuales de organización y los presentaba a revisión al Ing. Rodríguez ya mecanografiados.

Ella todos los días pensaba que esto le serviría mucho cuando ya terminara su carrera y consiguiera un trabajo a la altura de su profesión.